Desde el Senado, el coronavirus está dejando una secuela de enfrentamientos, dimes y diretes en el recinto de Reforma, que en nada abonan a un tema que nos debería por demás tener preocupados y ocupados para encontrar un camino de unidad en torno a este grave problema que enfrenta nuestro país y el mundo entero. 

-Publicidad-

Escuchar que el gobierno se ha visto rebasado o que México no está ni remotamente preparado para una pandemia parece no solo remontarse a épocas posrevolucionarias, cuando diarios como El Demócrata o El Nacional denunciaban -1918- una respuesta tardía e ineficiencia sanitaria por parte del gobierno ante la pandemia de la llamada, “influenza española”; que cobró la vida de miles de mexicanos y millones en todo el mundo. Se cree que terminó con un 2 a 5 por ciento de la población mundial. 

En 1917, previo a la entrada de una de las pandemias más desastrosas en nuestra historia; sin olvidar el cólera en 1833 o la peste negra en 1902, el gobierno de Venustiano Carranza enfrentaba serios problemas políticos, económicos y sociales, el contexto no era favorable para México, estábamos en una crisis posrevolucionaria, lo que agravó la situación. Pero a más de 100 años, ¿qué retarda las acciones de un gobierno? En 1918 la primera acción para evitar una mayor propagación de la enfermedad fue suspender las comunicaciones por tren, cerrar las fronteras por este medio y se acordó no permitir el acceso a ninguna persona enferma o que presentara síntomas, cien años después no fuimos capaces ni de colocar puntos de revisión eficaces en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.  

No son juicios de valor,  rumores, criticas o especulaciones, las cifras y las acciones que hasta el momento se han tomado en materia de salud nos dicen que deberíamos ocuparnos más en este sector. Tabasco: nueve muertos en el hospital de Pemex por heparina sódica contaminada, 46 casos de sarampión en la CDMX después de años de haberse controlado la enfermedad, desabasto documentado de medicamentos a personas con cáncer, VIH o personas que no tienen acceso al servicio médico de salud pública, carencia de insumos en hospitales, una crisis de atención en el tercer nivel debido a las reformas en materia de salud que echaron abajo el seguro popular e instituyeron en INSABI. 

El problema en materia de salud y económico que se avecina no es menor, necesitamos -todos- encontrar las medidas necesarias para enfrentar esta crisis; sin embargo; quienes hemos presenciado las últimas dos sesiones en el Senado de la República, resulta penoso reconocer que la discusiones respecto al tema se han tornado en una serie de dimes y diretes que no nos permiten avanzar. Se requiere de acciones más allá de una batalla campal en El Pleno por imponer voluntades o violentar decisiones de oposición. Quienes estuvimos presentes en la sesión del 18 y 19 de marzo, pudimos darnos cuenta que el nivel de debate se vio minimizado ante una guerra de posturas políticas que en nada contribuyeron a definir acciones contundentes. 

México requiere de un plan emergente en materia económica y de salud para hacer frente a la mancha del coronavirus, para que cobre el menor número de vidas en nuestro país y el impacto económico no sea catastrófico. Quien debe estar encabezando ese trabajo es el titular del Ejecutivo Federal; pero lejos de tomar el tema con seriedad sale a decir que decidió bajar el precio de las gasolinas para que los mexicanos enfrentemos mejor esta crisis, cuando de antemano sabemos que la gasolina depende del precio del petróleo, por lo tanto el precio lo determina el mercado internacional y, ante la caída de éste, de no bajarse estaríamos pagando un sobreprecio. Cómo puede un presidente generar confianza en sus gobernados con ese tipo de declaraciones, si deja ver con ello que, sea como sea, lo único que busca es el aplauso de la opinión pública y, ¡cuidado!, cuando ese es el objetivo, el siguiente paso es maquillar cifras y decir verdades a medias.  

Por cierto 

El pasado jueves la mayoría senatorial en el Senado tiró siete dictámenes en materia de transparencia, echando con ello abajo el discurso de combate a la corrupción que tiene como columna vertebral el actual gobierno.