Las estrategias de seguridad que se establecieron para combatir el crimen organizado en los últimos tres sexenios en México no aportaron los resultados que se esperaban. En general las políticas de Estado para reducir la inseguridad y la violencia que generan los carteles de la delincuencia organizada no lograron satisfacer a los ciudadanos. Ante este panorama desalentador ¿La Guardia Nacional (GN) será la institución policial que logrará la pacificación nacional y el anhelado Estado de derecho? La circunstancia principal es que predomina una rivalidad entre las tres instituciones que buscan consolidar este proyecto de nación. Sin embargo, no significa que sean enemigas, al contrario, ante el cuestionamiento social y pesimismo general suman esfuerzos para velar por la seguridad, el orden y la integridad de las personas.

Con una capacitación de siete semanas y la intención de cambiar el nombre de la Policía Federal (PF), adoptar un brazalete de GN a la policía militar es una simulación y no una solución asertiva. Asimismo, planear con grupos delictivos pactos y acuerdos con la intención de buscar alternativas para disminuir las cifras de violencia en las calles, resulta inmoral y sería ilegal. Entonces ¿Las líneas de acción que diseñó el Ejecutivo para erradicar la inseguridad y la corrupción son equivocadas? Por lo menos así lo demuestran organizaciones como Transparencia Internacional que en la última versión de su Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2018, menciona que Argentina destaca como los cinco países que más posiciones escalaron, mientras que México entre los cuatro que más cayeron. Nueva Zelanda y Dinamarca son las naciones menos corruptas del mundo. En este contexto y tomando como modelo dicho país escandinavo se presenta la siguiente narrativa utópica:

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“El 01 diciembre 2018 la nación despierta con la entrada en vigor de la GN. Son 300 mil elementos provenientes de la policía danesa, que se distinguen porque tienen perfiles insuperables, entrenamiento especializado, son anticorruptibles y su actuación coadyuvará en esta nueva transformación”. Estos guardianes del orden exigirán condiciones necesarias, entre otras peticiones: prestaciones, garantías económicas y certeza jurídica-laboral. Sin duda, en semanas entrarían en la disyuntiva. ¿Arriesgar la vida o la libertad con una remuneración que no es redituable? 

¿Aportarán su salario para sufragar gastos de vehículos, hospedaje y alimentación cuando salgan a trabajar? Entonces tendríamos que analizar si retirar el recurso económico y aplicar la austeridad republicana es una solución. En tanto, en este mundo de contrastes el sueño de poseer elementos en la policía de México con la ideología de los daneses se podría alcanzar siempre y cuando no se repitan antiguas formas de reclutamiento en donde predomina el “favoritismo” y “compadrazgo”. ¿Podemos tener una institución policial de primer mundo, en una sociedad que suele no respeta las normas? Que exige derechos y olvida cumplir obligaciones.

El nuevo modelo policial es una medida reactiva, desesperada y poco asertiva del gobierno actual. La inseguridad y la corrupción no se acabarán con perfiles de la policía danesa al servicio de la GN. Es necesario implementar una inversión institucional para priorizar el desarrollo de capacidades, mejoramiento tecnológico,  a la par del crecimiento y evolución social donde el ciudadano conozca sus derechos, obligaciones y ponga en alto la transparencia, rendición de cuentas, ética, honestidad y respeto a los derechos humanos. 

“El camino al infierno está lleno de buenas intenciones” En un mundo de contrastes, las intenciones por bajar los índices de criminalidad y combatir la corrupción representan aspiraciones de un alto nivel social, sin embargo mal enfocadas. Lamento decir que la policía danesa no estará en la GN y esta nueva institución no tendría resultados esperados en condiciones adversas. Hasta el próximo martes.

Facebook: escritor Gonzalo Romero

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