A pasos agigantados camina México hacia la dictadura. El autócrata López Obrador, personaje de suyo peligroso para la democracia y el Estado de Derecho, cada vez estimula con más ahínco el rencor de las masas afines su proyecto de venganza. Se trata de esas masas ciegas, depauperadas y rabiosas que se han habituado a la idea de que todo lo malo que les pasa es culpa de “los malos gobiernos”, del “neoliberalismo”, de la “mafia del poder”, de la “minoría rapaz”, del “PRIAN”, etc.

Se trata de las masas que han sido fácilmente domesticadas por la cantaleta victimista y vengadora de Andrés Manuel López Obrador: pasto seco dispuesto a levantar flamas tras el más mínimo chispazo.

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Ayer, durante su conferencia de prensa matutina, López Obrador nuevamente le ha dado de comer carne fresca y sanguinolenta a las jaurías rabiosas y fanatizadas que sólo buscan venganza, desde lo profundo de sus resentidas vísceras.

Ahora ha puesto al alcance de las masas enfurecidas la posibilidad de juzgar ejemplarmente a “los malos” de la película: a los ex Presidentes del PRI y del PAN que “son culpables”, de entrada, de la situación de crisis, pobreza y corrupción en la que vive México… ¡claro, esto según la narrativa de la Transformación de Cuarta!

¡Sólo hay que esperar a que se reforme el artículo 35 de la Constitución! Así lo expuso ayer el aprendiz de tirano:

Miren, está pendiente la reforma al artículo 35 para que las consultas sean vinculatorias y que no haya obstáculos, que no haya trabas (…). Estamos esperando esa reforma para someter a consideración, si así se cree conveniente, el que se le pregunte a los ciudadanos si quieren que se someta a juicio a los expresidentes de México, del periodo neoliberal: Salinas, Zedillo, Fox, Calderón, Peña Nieto; para que ya no se esté manipulando a la gente con meter a la cárcel a chivos expiatorios, que ha sido la práctica en los últimos tiempos, cuando los de arriba permanecen intocables.

¡Qué lástima que millones de mexicanos se traguen esta retórica populista, retorcida e infame!

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Si tuviéramos un pueblo más culto, más despierto de la mente, más analítico, todos sabríamos que, para empezar, ninguna norma puede aplicarse de forma retroactiva en perjuicio de persona alguna.

Sabríamos, además, que no se necesita ninguna consulta popular para enjuiciar a un político corrupto: basta con que existan elementos constitutivos de un delito que no haya prescrito y que el político ya no goce de fuero.

Y sabríamos que, en un cabal Estado de Derecho, la justicia penal no se deja al contentillo de las masas.

¿Qué sigue? ¿Juicios sumarios y violatorios hasta de las garantías procesales más elementales, como los llevados a cabo por comunistas como el “Che” Guevara (Cuba), Mao Zedong (China) y Pol Pot (Camboya)?

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