Entre militares y marinos mexicanos hay enojo y rabia.

Algunos de ellos incluso acusan al presidente Obrador “de traición” y
“de entregar” al general Salvador Cienfuegos, a quien –según nos dicen–, el
presidente Obrador sacrificó con fines electorales.

¿Fines electorales?

-Publicidad-

Sí, así me lo explicó un militar de alto rango: “El presidente Obrador
trata de salvar a su amigo Trump, entregando en bandeja, a la DEA, al primer
ex secretario de la Defensa”.

Y se lamenta el militar de alto rango: “Y esa es una traición que no se
perdona”.

Y es que, asegura, “el presidente López Obrador sabía de la detención,
en cualquier momento, del general Salvador Cienfuegos”.

Sabía que la DEA seguía la pista revelada por un “testigo protegido”
quien “le puso el dedo” al ex secretario de la Defensa Nacional en el gobierno
de Enrique Peña Nieto.

Sabía que los cargos por los que era perseguido el general de cuatro
estrellas, era por supuestos vínculos con el crimen organizado y por supuesto
lavado de dinero.

Pero también sabe el presidente que “todo eso es falso”, dice el militar.
Pero, sobre todo, el mandatario mexicano sabía que “el golpe” por la
detención del primer militar mexicano de ese rango –un militar de cuatro
estrellas que por seis años fue el jefe de los militares mexicanos–, sería “una
bocanada de aire fresco” para el debilitado candidato presidencial republicano,
Donald Trump.

Por eso, al presidente mexicano no le importó “la traición” a un militar
que estuvo a su servicio; tampoco la traición a las fuerzas castrenses y menos
le importó derruir la imagen de sus principales aliados en el actual gobierno;
los militares.

Y así fue como quedó sellada la suerte de Salvador Cienfuegos, el
mismo militar al que López Obrador le agradeció toda la colaboración, la
lealtad y la honestidad, cuando tomó posesión como presidente de los
mexicanos.

El mismo general al que ahora López Obrador lanza a las fieras –como
carne de presidio–, con tal de ganar algunos votos para su amigo, Donald
Trump; para tratar de salvar su campaña presidencial.

Y es que la imagen en las pantallas de televisión de Estados Unidos
resulta impactante; un general mexicano, del más alto rango, en el momento
que es detenido por la DEA –en el aeropuerto de Los Ángeles–, junto con su
esposa y sus nietos.

El impacto de esa imagen en televisión y en redes sociales –la imagen
de un militar prestigiado, detenido por presuntos vínculos con el crimen
organizado y llevado preso junto con su familia–, es la confirmación visual de
la retórica que sobre los mexicanos siempre ha gritado el candidato Trump,
Y a esa imagen degradante de un militar del más alto rango –a esa
traición a las lealtades castrenses– se prestó el presidente López Obrador.

Peor aún, al presidente mexicano nada le importó que la familia del
general Cienfuegos también fuera denigrada, al momento de la detención,
como parte del espectáculo electoral al que se prestó el gobierno de México.
Sin embargo, lo que no calculó el presidente mexicano, es que al avalar
la degradación del primer militar del más alto rango y al entregarlo a los
brazos de la DEA –lo que cumplió un sueños de esa agencia norteamericana
también infiltrada por el crimen organizado–, López degrada a su propio
gobierno.

¿Por qué?

Porque, literalmente, Obrador ha entregado todo su gobierno a los
mismos militares que hacían y deshacían con el general Cienfuegos.
En pocas palabras, resulta que mientras que el presidente mexicano
traiciona a un general de alto rango, como Cienfuegos –al que lanza a las
fieras para saciar los apetitos electoreros de la campaña de Trump–, el propio
AMLO entrega buena parte de su gobierno a los mismos militares.
Y entonces aparecen las preguntas obligadas.

¿No sabía el presidente Obrador que el general Cienfuegos mantenía
vínculos con el crimen organizado? ¿No sabía que lavó dinero criminal?
¿Cuántos militares de alto rango, del gobierno de Obrador, hoy
mantienen vínculos con el crimen y cuántos lavan dinero?

Está claro que AMLO sabía que la DEA perseguía a Cienfuegos.
¿Por qué, entonces, no ordenó que la autoridad mexicana lo detuviera?
¿Qué confianza tendremos los mexicanos, en los militares a los que el
gobierno de AMLO ha entregado el país, si uno de ellos, el general
Cienfuegos, es “un pájaro de cuenta”, según la DEA?
¿Qué confianza tendrán en el presidente Obrador, de ahora en adelante,
los militares y los marinos, si saben que pueden ser traicionados por el propio
jefe máximo, cuando a éste la plazca?

Lo cierto es que el presidente mexicano juega con fuego.

¿Por qué?

Porque en todas las formas posibles soborna y corrompe a los militares
y marinos mexicanos –al entregarles el país–, pero al mismo tiempo los
traiciona, como traicionó al general Cienfuegos.

Y según los códigos militares, la traición siempre tiene precio.
Se los dije