Hoy desde San Lázaro, la titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Rosario Piedra, fue incapaz de responder a los cuestionamientos en materia migratoria, seguridad y salud durante su informe ante la Comisión Permanente del Congreso de la Unión. 

La comparecencia de la titular de la CNDH se da en un momento crítico en materia de derechos humanos en nuestro país: un fenómeno migratorio que se ha afrontado de manera indigna, que aniquila la imagen del país solidario ante los conflictos internacionales, un sistema de salud en crisis y el registro del 2019 como el año más violento en la historia moderna de México, sin embargo, no escuchamos mea culpa de lo que está sucediendo y ni una sola recomendación por parte de la dependencia que encabeza Piedra Ibarra.  

A diferencia de otros informes o comparecencias, donde las bancadas mayoritarias aplauden todo, Rosario llegó a San Lázaro con el ojo de la crítica puesto encima, el ojo del propio Muñoz Ledo que cuestionó el actuar de la Guardia Nacional con los migrantes en la frontera sur, tema que Ibarra desconoce; como muchos otros, porque ni lo abordó y ni le preocupó no hacerlo; el discurso ya lo traía estructurado, bien redactado, listo para leerlo de corrido; sin comas ni acentos, sin cuestionamientos de por medio. Este nuevo gobierno no escucha críticas, vengan de quien vengan, Don Porfirio más tardó en decir “en desacuerdo” que el Congreso -sus correligionarios- vetara su participación en la cual pretendía mostrar el trato que la Guardia Nacional ha dado a los migrantes, imágenes que seguramente hubieran incomodado a la ombudsperson. Para este nuevo gobierno acabar con los problemas, es aparentar que no existen.  

Fue un informe vacío; tan vacío como sus acciones, ausente de respuestas, sustentando en lo único que hasta la fecha gira toda acción de gobierno: la austeridad republicana. Un discurso que repitió sin mínimo grado de razonamiento, un guión presidencial del cual nadie se sale y si se salen lo censuran, un ahorro económico que a la fecha ni es claro, ni ha solucionado nada, un compendio de hojas entregado en versión impresa y digital. 

Sería injusto atribuirle todo a su gestión, pero lo que no se puede justificar es que el país atraviesa por problemas graves en materia de seguridad, migración y salud y en su informe no escuchamos ni un solo pronunciamiento al respecto. Pero cómo esperar respuestas si el propio presidente tacha de “show” el dolor de las víctimas, mismas que este domingo llegaron a las puertas de Palacio de Gobierno, donde solo una comisión pudo entregar una carta al Gabinete de Seguridad. 

 

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Nada bueno podíamos esperar después del aberrante proceso en el que fue electa Rosario Piedra como titular de la CNDH, proceso que nosotros los senadores presenciamos, una elección que violentó todo principio democrático, un acto de votos perdidos; un proceso orquestado como en los años 80, ese sistema fraudulento que tanto criticaron y hoy emulan. 

Todos habríamos esperado que su imposición, porque eso fue; una imposición al viejo estilo, tuviera como fin desarrollar un proyecto, pero demuestran que no es así. Hoy podemos creer que lo que necesitan en cada órgano autónomo -ya solo de nombre- son perfiles a modo, aunque estos carezcan de capacidad, mientras tengan obediencia.  ¿A dónde va nuestra democracia? 

 

Sonrisas vagas, miradas bajas; así recibió Piedra Ibarra las críticas, preguntas que jamás  respondió, cuestionamientos que por relevantes que sean para el transitar de este nuevo gobierno, dejó en el aire. No es tema menor que la encargada de velar por los derechos humanos no pueda responder por la violación de estos hacia migrantes, por los periodistas asesinados en lo que va de este gobierno, por la garantía; que también es un derecho humano, de la salud de los mexicanos, ni por las víctimas de la violencia en este país. La pregunta es: ¿quién va a responder? 

 

Esto es hoy la CNDH, el riego latente de regresar a los tiempos donde funcionaba a modo, consideración y tutela del Ejecutivo Federal. Piedra Ibarra señaló que estamos ante un órgano obsoleto, surgido hace 20 años, el cual hay que reformar, pero hoy más que nunca funciona como una oficina de Presidencia, una ala más del organigrama presidencial y eso sí debe preocuparnos. 

 

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Siguen las negativas 

 

El presidente ya se negó a escuchar a las víctimas porque lo considera un “show”. Ahora es lamentable que en el Senado Morena se haya negado a aceptar el punto de acuerdo para que en esta semana algún integrante de la familia LeBaron haga uso de la tribuna en la última sesión de la Comisión Permanente, punto que todos los grupos parlamentarios aceptaron en la Cámara de Diputados. Veamos si recapitulan o siguen haciendo oídos sordos.