Primero un lugar para la imaginación.

Por un momento imaginemos que los precandidatos presidenciales de Morena –Claudia, Marcelo y Adán–, fueran parte del gabinete de alguno de los hoy ex presidentes Fox, Calderón o Peña Nieto.

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Imaginemos que, igual que hoy, Claudia, Marcelo y Adán dedican más tiempo al proselitismo de sus respectivas ambiciones presidenciables que al desempeño de sus cargos.

Y ahora la pregunta obligada frente a ese imaginario.

¿Cuál sería la reacción de aquel formidable líder opositor llamado López Obrador, por las campañas presidenciales adelantadas?

Seguramente todos imaginan las arengas furiosas, en plazas y pueblos de todo el país, de un López Obrador fustigando con el dedo flamígero al presidente en turno y a sus presidenciables.

Se habría quedado en juego de niños el “¡cállate cha-cha-laca!”.

Y desde la plaza pública el demócrata López habría fustigado, una por una, todas las violaciones a la ley y habría exigido al INE y al Trife las sanciones respectivas.

Que si el ilegal dispendio de dinero público con fines electorales; que si la violación a la norma electoral de piso parejo; que si el inocultable proselitismo adelantado; que si debían ser despedidos de sus cargos “los adelantados”; que si debían ser inhabilitados como potenciales candidatos; que si debía existir una ley más rigurosa…

Incluso, López habría propuesto una caminata por todos el país para obligar al presidente en turno a despedir a los “adelantados”, mientras que al árbitro electoral le habría exigido “todo el peso de la ley” contra los infractores electorales.

Ahora volvamos a la realidad.

En la realidad, en los hechos, Claudia, Marcelo y Adán traicionan todo aquello por lo que luchó López Obrador y que le permitió llegar al poder de manera limpia y legítima; sin tacha de duda.

Pero López Obrador tampoco hoy es el formidable líder opositor que exigía, como todo buen demócrata, reglas electorales justas, equitativas y, sobre todo, transparentes.

López tampoco es el puntilloso crítico de los abusos del poder con fines electorales y menos el severo cuestionador del clientelismo desplegado desde el poder para favorecer a “los elegidos” por “el dedazo”.

Hoy López Obrador es el presidente al que, una vez en el poder, se le olvidó la democracia; al que le repugnan las reglas electorales que él mismo promovió y tampoco se acuerda del clientelismo, del abuso del poder con fines electorales y de la transparencia que obliga a todos los servidores públicos.

Una metamorfosis que ha convertido a Andrés, a Claudia, Marcelo y Adán en todo aquello contra lo que lucharon en las filas del PRD.

Y hoy, al amparo de la impunidad que les da “ser los elegidos” del “amado líder”, violan todas las reglas electorales que impulsó AMLO y no sólo se burlan del árbitro electoral sino que profetizan su pronta muerte.

Hoy, como dice el poeta, todos ellos: Andrés, Claudia, Marcelo y Adán, “son todo aquello contra lo que lucharon a los 20 años”.

Se los dije.