Ya nadie duda que el presidente López Obrador es uno de los mandatarios mexicanos más mentirosos de la historia.

Nadie duda que en las mañaneras –una vez que especialistas del tema lo han demostrado–, más de la mitad del discurso de AMLO es mentira mientras que otro tercio son verdades a medias.

Nadie pone en duda que –como van las mentiras presidenciales–, al finalizar 2019 el mandatario mexicano será el presidente más mentiroso del mundo, superando por mucho al rey de la mentira de hoy, el norteamericano Donald Trump.

Sin embargo, también es cierto que se desplomó la mayor de las mentiras de López Obrador –y al mismo tiempo una promesa que le ganó simpatías y adeptos en todos los estratos sociales–; la mentira de que en su gobierno bajaría el precio de las gasolinas y, en general, el precio del gas y la energía eléctrica.

Y no sólo se desplomó la mayor de las promesas sino que el alza del precio de las gasolinas ya resulta irreversible, por más discursos y mentiras, por más rayos y centellas y por más ridículos que haga el presidente mexicano.

Y es que según datos oficiales, en los primeros cuatro meses del gobierno de López Obrador las gasolinas se elevaron, casi 10 por ciento la Premium y 13.5 por ciento la Magna.

¿Dónde quedó la promesa de AMLO de que no subirían los costos de dichos combustibles?

Lo cierto es que mientras se derrumba una de las principales promesas del gobierno de Obrador y mientras queda exhibida la mayor mentira del presidente, los agoreros del pasado –aquellos que en los gobiernos de Calderón y Peña sacaron una jugosa raja política con el cuento de los gasolinazos–, guardan silencio sepulcral; callan como momias.

¿Por qué nada dicen Epigmenio Ibarra, Carmen Aristegui y los intelectuales orgánicos de AMLO? ¿Por qué nada informan los medios aplaudidores del presidente Obrador?

Lo ridículo del caso es que la postura sobre el alza de las gasolinas y las promesas presidenciales incumplidas han cambiado en por lo menos cinco momentos.

1.- El primer momento fue la promesa del candidato y presidente, de que en la administración de Obrador bajaría el precio de la gasolina.

2.- Luego, el propio presidente dijo que siempre no, que no sería posible bajar dicho precio.

3.- Más adelante, el presidente volvió al tema y dijo que las gasolinas subirían sólo el porcentaje del índice inflacionario.

4.- Cuando el precio de las gasolinas empezó a subir más allá del porcentaje de la inflación, el presidente dio un manotazo en la mesa y acusó a las distintas empresas distribuidoras de especular y obtener mayores márgenes de utilidad.

5.- Enojado porque ninguna empresa distribuidora de gasolina le hizo caso, el presidente amenazó con exhibir a las empresas que más utilidad tienen, en una suerte de presidente reducido a Procurador del Consumidor.

6.- Hoy, según cifras oficiales, la inflación llegó a 4.3% anual, en tanto que, en general, los energéticos subieron 8.5% y la gasolina Premium se elevó 9.8% mientras que la Magna se vende 13.5% más cara que hace cuatro meses. Es decir, en el gobierno de Obrador pagamos más por un litro de gasolina.

7.- Todo ello sin tomar en cuenta el impacto que pronto veremos por el alza en el precio del petróleo.

¿Qué significa todo lo anterior?

Que cayó la mayor mentira de AMLO, aquella de que no se elevaría el precio de la gasolina.

¿Le seguirán creyendo al mentiroso de palacio?

Se los dije.