Son abrumadoras las pruebas del odio que experimenta el presidente mexicano contra las mujeres.

Desde la insinuación grosera que le hizo en su momento López Obrador a la entonces diputada del PRD, Ruth Zabaleta, pasando por el crimen de Estado de la gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso y por la desaparición de guarderías y refugios para mujeres, hasta la orden de dejar sin dinero a las mujeres que llevan un tratamiento contra el cáncer de mama.

Todas las anteriores son evidencias, contundentes, de que el presidente mexicano experimenta un odio irracional contra las mujeres, en general, y en particular contra aquellas que muestran mayor debilidad.

Sin embargo, resulta inaudito el silencio de miles de mujeres dedicadas a la política quienes, hasta hoy, no se han atrevido a alzar la voz por la venganza perversa –propia de un enfermo mental–, del presidente Obrador contra una mujer indefensa, a la que aplastó con todo el peso del Estado.

   

En efecto, nos referimos a Rosario Robles, la ex jefa de gobierno del entonces Distrito Federal, quien hizo todo para que AMLO ganara la capital del país en el año 2000, quien fue presidenta del PRD y quien, al final, cometió el “pecado político” de aliarse al gobierno de Peña Nieto.

López Obrador y sus lacayos subordinados en el Poder Judicial han cometido toda clase de “chicanadas” ilegales para cobrar venganza contra una ciudadana indefensa, que está en prisión sin ningún cargo específico y a la que le fabricaron identidades falsas que la mantienen en calidad de presa política.

Ese, el que ordenó el presidente Obrador contra Rosario Robles, es el más infame feminicidio político; es la venganza del hombre más poderoso del país, contra una ciudadana indefensa, a quien persigue todo el aparato del Estado y quien no tiene ninguna posibilidad de contención legal.

Esa venganza política, usando todo el peso del poder presidencial, es la mejor evidencia de que López Obrador es un enfermo de odio contra las mujeres y es la muestra de que es capaz de las peores atrocidades contra las mujeres.

   

López Obrador es capaz de dejar morir a niñas y niños con cáncer; es capaz de dejar morir a miles de mujeres con cáncer de mama; es capaz de dejar morir a mujeres que sin los refugios contra la violencia familias hoy no tienen a donde acudir y que son asesinadas por sus parejas, por sus novios y por sus amantes.

López Obrador es capaz de ordenar un crimen de Estado contra una gobernadora como Martha Erika Alonso y es capaz de burlarse de la protesta llamada “un día sin mujeres”, al obligar a todo el Estado y a su propia esposa  a una protesta contra su propio gobierno,

¿Qué más hace falta para que miles de mujeres mexicanas –caso 15 millones de ellas–, de todos los estratos sociales, que votaron por Obrador, abran los ojos y entiendan que eligieron a un sátrapa que odia a las mujeres?

¿Dónde están las voces de las mujeres intelectuales, científicas, empresarias, políticas –del partido que gusten y manden–; de las mujeres periodistas, que no salen a la calle a exigir que el “macho de pueblo” que despacha en Palacio pare la masacre de mujeres?

El 16 de agosto de 2019, en el Itinerario Político dijimos que las dudas sobre la venganza contra Rosario Robles, eran muchas y de sentido común.

¿Por qué, si el Poder Judicial tienen total certeza de que Rosario Robles es culpable del manejo indebido de recursos públicos –en el desempeño de sus cargos–, el Fiscal General y el Juez de Control debieron acudir a la violación constitucional para llevar a prisión a la ex presidenta del PRD?

¿Por qué el Juez de Control y el Fiscal General no dejaron que las “horribles” culpas de la señora Robles hicieran caer, por su propio peso, la responsabilidad y la prisión contra la ex secretaria de Estado?

¿Por qué acudir a “chicanadas legales” y poner en riesgo un caso que, según el gobierno federal, llevaría inexorablemente a prisión a Rosario Robles y a muchos de sus colaboradores?

¿Por qué si la señora Robles tiene en su contra todos los elementos que la harían responsable de un escandaloso saqueo de dinero público, el poder político –léase el poder presidencial–, exhibió una grosera violación a la división de poderes y un más cuestionable manoseo del Poder Judicial para llevar a prisión a Rosario Robles?

La respuesta a las interrogantes anteriores, a las contradicciones flagrantes y a la monstruosidad jurídica que propiciaron los poderes presidencial y judicial, sólo se entenderían ante un escenario perverso que se expresa con una sola palabra; odio y venganza.

Se los dije, Lopez Obrador es un peligro para las mujeres.