El caso Puebla podría tener un alto costo político para el presidente Andrés Manuel López Obrador. No porque exista alguna responsabilidad de su gobierno en el fallecimiento de la gobernadora Martha Érika Alonso y del senador Rafael Moreno Valle, sino por el pésimo control de la crisis.

López Obrador se entrampó a sí mismo en Puebla desde antes de la tragedia del 24 de diciembre.

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El pasado 9 de diciembre, un día después de que el Tribunal Electoral ratificó el triunfo de Alonso en la contienda por la gubernatura poblana, AMLO calificó la decisión como “antidemocrática”, y como un error.

El error, en realidad, fue de López Obrador, y consistió en pelear una batalla que no era suya, sino de Miguel Barbosa y de la presidenta de Morena, Yeidckol Polevnsky. Olvidó que no es más el líder de un partido político, sino el presidente de México.

Un día después, el tabasqueño volvió al tropezar cuando durante su conferencia mañanera negó tajantemente visitar a Puebla y reunirse con Martha Érika Alonso: “Para que no se vaya a malinterpretar no voy a ir estos días a Puebla por la situación que prevalece, no sería prudente, además yo estoy asistiendo a actos públicos y no es lo más recomendable el que públicamente me acompañe (Martha Érika), o que yo la acompañe o que yo vaya solo. Vamos a esperar a ver qué pasa”, dijo.

¿Por qué no visitar una entidad donde obtuvo el triunfo de un candidato opositor? La negativa del tabasqueño no tenía justificación alguna. Es presidente de todos los mexicanos; no sólo de los que viven en estados gobernados por Morena.

Fue en ese contexto que ocurrió el fallecimiento de Alonso y Moreno Valle.

López Obrador no viajó a Puebla el día de la tragedia, pese a que la entidad quedó acéfala e inmersa en una potencial crisis política. Tampoco acudió al funeral de estado en honor a la gobernadora y el senador, y prefirió enviar a la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quien se llevó los reclamos y las rechiflas.

El presidente justificó su ausencia argumentando un supuesto ambiente inadecuado generado en redes sociales, donde algunos usuarios atribuyeron –eso sí, sin argumento alguno– la responsabilidad a su gobierno por el deceso de Alonso y Moreno Valle.

Además, achacó los rumores a “los conservadores”, “los mezquinos” y los “neofascistas”, en lugar de desmentir las noticias falsas y proporcionar información fidedigna que frenara las especulaciones.

Ahora, Puebla tiene una elección de gobernador, en la que el mal manejo de crisis del gobierno puede pasarle factura a Morena.

Será hasta la campaña que sepamos si el gobierno realizó un efectivo control de daños, o si por el contrario prospera la narrativa del “crimen de Estado”, versión que por ahora no parece tener sustento.

Y será en las urnas donde los poblanos podrán evaluar el desempeño de un gobierno que se negó a dar la cara en la entidad.