En muchas ocasiones el presidente mexicano López Obrador ha tenido expresiones sobre determinados eventos internacionales que confrontan y contradicen las posiciones que sustenta en sus acciones internas.

Ha mantenido la tesis leninista de que la mejor política exterior es atender la política interior, para lo cual ha interpretado con laxitud los principios constitucionales sobre la política exterior, en particular el correspondiente a la no intervención, que manipula conforme la conveniencia de la situación.

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Así tenemos algunas muestras recientes: en su titubeante presencia/ausencia en la Cumbre de las Américas, impulsada por EU, buscó llamar la atención condicionando su participación a la invitación y presencia de los líderes gubernamentales de Nicaragua, Venezuela y Cuba, perdiendo una oportunidad presencial de posicionar propuestas de cooperación y desarrollo, en un foro de carácter internacional, por expresar una perspectiva personalista y en contra del anfitrión estadounidense; lo mismo ocurre en vísperas de su reunión con el presidente de EU, Joe Biden, en donde ha expresado un extraño interés por defender el caso de extradición/juicios/condena de Julián Assange, que se debate entre la libertad de expresión o la defensa de su seguridad nacional por el caso Wikileaks, sin que haya una base cierta que sustente dicha eventualidad.

Finalmente, tuvo la reconvención del gobierno de Colombia de su injerencismo en su proceso electoral, al promover una posición en favor de una de las posiciones políticas que competía en su proceso electoral interno.

Se observa cómo el presidente actúa con un doble discurso, dentro y fuera, que tarde que temprano muestra la inconsistencia del pensar y decir de un responsable de un gobierno. Que coloca intereses de grupo político por encima del interés nacional.

Sobre todo cuando existen hechos en el país como detenciones de personas, ahí los casos de Rosario Robles, o las parientes del fiscal o el colaborador del senado detenido en Veracruz o quienes han señalado corrupción entre quienes imparten justicia por una premeditada manipulación monetaria o de la aplicación judicial, con intromisión del ejecutivo, como los casos vinculados al ex consejero jurídico de la presidencia o los intentos de protección al ex director de Pemex Lozoya, con tal de involucrar a los opositores del gobierno en turno.

O los silencios para señalar la intervención rusa y la guerra que realiza en contra de Ucrania, o los excesos mostrados en medios y redes sociales, por quienes sufren en contra del ejercicio de libertades y derechos humanos por parte de los gobiernos que defendió, para que el gobierno de EU los considerase para la Cumbre de las Américas, o los constantes actos y malas decisiones de gobierno que han creado casos de crisis de inseguridad, migrantes, salud, economía, desempleo, educación, carencia de alimentos y el crecimiento de las masacres de la población por la violencia y criminalidad de los grupos delincuenciales, así como la denigración que las ffaa han tenido por dichos grupos en diversas partes del territorio nacional. Ello afecta un poder nacional que debe ser fortalecido, ya que disminuye la presencia digna de México en la defensa de sus intereses en la geopolítica actual del mundo.

La idea popular, candil de la calle y oscuridad de la casa, encuentra en el proceder gubernamental, un gran reflejo, una forma que se expone en la tóxica expresión de abrazos y balazos que sigue favoreciendo a los delincuentes, en contra de la sociedad y las instituciones de seguridad, favoreciendo la impunidad, la violencia y el crimen. La muerte de dos clérigos de la Compañía de Jesús en Chihuahua, vuelve a colocar los actos de violencia en la palestra de la discusión, aunque para el presidente y su gobierno los temas prioritarios están en el proceso electoral y en la defensa de sus proyectos personalizados.

Las demandas y señalamientos de gobiernos, agencias de inteligencia y seguridad, organismos internacionales u organizaciones de la sociedad internacional para prevenir la inseguridad, para cuidar y erradicar la muerte de periodistas, activistas sociales y críticos del gobierno, por acciones que atentan y ponen en estado de indefensión a la sociedad, así como en una ingobernabilidad que va en contra de la viabilidad del estado de derecho.

Ojalá que la defensa de situaciones internacionales tuvieran la misma resonancia en casos internos y así se fortaleciera el desarrollo, seguridad y defensa nacionales.