Por años, el formidable líder opositor llamado Andrés Manuel López Obrador, fue un infatigable crítico de los gobiernos de Felipe Calderón y de Enrique Peña.

Por años exigió la renuncia de los dos presidentes, luego del pobre crecimiento económico y del fracaso en la lucha contra la violencia y la corrupción.

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Más aún, sin la crítica rigurosa en esos 12 años de gobiernos del PAN y del PRI, no habría resultado tan exitosa la construcción del Partido Morena y, sobre todo, la victoria electoral de AMLO, en 2018.

Sin embargo, si hacemos caso al refranero popular, llegaremos a la conclusión de que es cierta la sentencia  que reza: “en política, todo se paga”.

         Y es que, en efecto, hoy el presidente López Obrador está pagando, con creces, el precio de haberse convertido en el mayor crítico de los gobiernos de Calderón y Peña.

Peor aún, los presidente Felipe Calderón y Enrique Peña pasaron de ser el epítome del fracaso que pregonó por años el tabasqueño, para convertirse en los mejores espejos para descubrir el tamaño del fracaso de López Obrador.

En efecto, si usted quiere ver tal fracaso, sólo revise los números de los gobiernos de Calderón y Peña y compare los números de AMLO.

         ¿Lo dudan?

1.- ¿Recuerdan cuando AMLO cuestionaba en tono burlón el mediocre crecimiento económico de 2 por ciento del PIB de los gobiernos de Calderón y Peña? ¿Pues qué creen?

 ¡Antes de la pandemia el crecimiento del PIB en el gobierno de AMLO era de cero! ¡Si, ya estaba enferma la economía mexicana, en el primer año de López, antes de la pandemia! Y el Covid-19 le dió la puntilla.

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2.- A lo largo de los 12 años de los gobiernos de Calderón y Peña, el candidato López Obrador se regocijaba en el fracaso contra la violencia y el crimen. Por eso pedía la renuncia de Calderón  Peña y hasta los acusó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

         Hoy, con López Obrador, todo México es territorio criminal; mandan las bandas del crimen organizado y, en sólo 20 meses se han contabilizado más de 60 mil muertes violentas; la mayor cifra de toda la historia.

3.- Cuando se produjo la emergencia sanitaria conocida como H1N1, en las plazas públicas López Obrador arengaba contra el gobierno de Calderón por no aplicar pruebas y más pruebas. Hoy, la pandemia de Covid-19 ha provocado la muerte de más de cien mil mexicanos y López no sabe qué hacer. Exige lo impensable; que no le pregunten sobre los fracasos de su gobierno, además de que miente y engaña.

 4.- Por años, los partidos de AMLO –primero el PRD y luego Morena–, exigieron división de poderes, reclamaron independencia del Poder Judicial, combatieron los “fiscales carnales” y, sobre todo, prometieron acabar con los diputados y senadores “levanta-dedos”.

 Hoy el Fiscal General es “el mejor carnal” del presidente López; los poderes Ejecutivo y Legislativo están en manos de AMLO y, en especial, la división de poderes está muerta.

5.- También por años, Obrador propuso como su mayor oferta política la de “primero los pobres”. En su gobierno el fracaso es de escándalo; diez millones de mexicanos se sumaron a los pobres extremos.

6.- El empleo era una promesa de AMLO que arrancaba risa. Prometía crecimiento de 6 por ciento del PIB. Hoy están en la calle 12 millones de mexicanos, sin empleo y el PIB estará 18 por ciento por debajo de cero. Con Peña Nieto se crearon 4 millones de empleos y dos millones con Calderón.

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7.- En todo el gobierno de Peña, los propagandistas de AMLO convirtieron en una rentable raja político-electoral el crimen de los 43 de Iguala; lo mismo que hicieron en el gobierno de Calderón con los niños muertos de la Guardería ABC.

Hoy los lopistas olvidan “el pase de lista”, olvidan que “nos faltan cien mil” y ya no quieren monumentos en Paseo de la Reforma.

8.- “¡Militares a sus cuarteles!”, gritaba AMLO por todo el país. Hoy es grosera y peligrosa la militarización del país.

 9.- “¡No toleraremos una sola ofensa del presidente Trump!”, gritaba López en plazas publicas de todo México. Ya como presidente, AMLO se arrodilló ante Trump.

10.- En los últimos 20 años, López Obrador aplaudió la libertad de expresión en México. Vivió y se benefició de esa libertad. Hoy, ya presidente, tiene amedrentados a casi todos los medios y son pocos los que se atreven a criticar, porque la censura es a cambio del empleo.

En efecto, si el presidente Obrador se ve en el espejo que son los gobiernos de Calderón y Peña, verá el tamaño de su derrota.

Y si tuviera principios y dignidad –que sabemos que no los tiene–, ya habría renunciado.

Se los dije.