La semana pasada Beatriz Gutiérrez Müller fue el centro de la discusión en redes sociales tras volverse viral un video en el que –durante una entrevista– la escritora tuvo problemas para citar a su autor favorito.

Al igual que en el tristemente célebre caso de “Mamado Nervo”, la académica fue objeto de burlas, memes y hasta comparaciones con Enrique Peña Nieto y su bochornoso episodio en la Feria del Libro de 2011.

Sin embargo, lo que es de llamar la atención es que tanto defensores como detractores Gutiérrez Müller y del gobierno incurrieron en el mismo argumento falaz de que la cónyuge del presidente es una especie de “objeto accesorio” del Estado.

Veamos un ejemplo:

Sobre el incidente, el John Ackerman escribió que “la derecha teme a y ataca” a Beatriz Gutiérrez “porque su gran cultura, inteligencia y humildad comprueban el viraje de 180 grados en contraste con la ignorancia y soberbia del viejo régimen”.

Habría que recordarle a Ackerman –y a quienes obtuvieron conclusiones opuestas respecto al “nuevo régimen” a partir del desempeño de Beatriz en la entrevista– que Gutiérrez Müller no ocupa un cargo público, por lo que su grado de cultura, inteligencia y humildad no tendrían por qué ser sinónimo del desempeño del gobierno.

Desde la campaña presidencial, Beatriz Gutiérrez mostró su rechazo a ser llamada “primera dama”, figura que –dicho sea de paso– carece de legitimidad democrática y responde a una concepción arcaica según la cual el jefe del Ejecutivo debe ser un hombre casado.

Bien es cierto que la escritora ocupa un cargo en el Consejo Asesor de la Coordinación Nacional de la Memoria Histórica y Cultural de México. Sin embargo, se trata de una posición honorífica, que no se considera un cargo público, no es remunerada, y ni siquiera es su principal rol dentro de la llamada «cuarta transformación».

El rol de Beatriz Gutiérrez debe ser analizado no como el de «esposa del presidente», sino como operadora política y consejera de López Obrador.

Como operadora política, Gutiérrez Müller fue el vínculo entre AMLO y el clero durante la campaña presidencial. En cada plaza que visitaba el entonces candidato, ella se reunía con la cúpula eclesiástica local, y tras el triunfo del tabasqueño, publicó un editorial en el semanario Desde la Fe, órgano propagandístico de la Arquidiócesis Primada de México desde el cual se ejerce oposición a causas progresistas.

Por otro lado, como consejera, Gutiérrez Müller ejerció gran influencia en la decisión de López Obrador de pedir al gobierno de España una disculpa pública por los agravios cometidos en contra de los pueblos originarios durante la etapa de la conquista. La escritora ya había abordado el tema en su tesis de maestría y antes de que AMLO enviara la polémica carta a Pedro Sánchez, trató el asunto personalmente con la ministra de Justicia de España, Dolores Delgado.

De modo que el desempeño de Beatriz Gutiérrez Müller como operadora política, vínculo con grupos conservadores y pésima consejera en asuntos diplomáticos es más criticable y tiene repercusiones mayores que sus deslices al citar autores literarios.

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