La semana pasada, EEUU fue nuevamente escenario de acciones con un marcado acento xenófobo como el de la ciudad del Paso, Texas, a manos de Patrick Crusius un joven de 21 años, cuyo acto dejó un saldo de 25 heridos y 20 muertos, 8 de éstos de origen mexicano. Tales hechos reprobables, fueron calificados por las autoridades del gobierno mexicano, a través de su Cancillería, como actos de terrorismo.  Es necesario analizar por qué estos eventos ocurren cada vez con mayor frecuencia en territorio estadounidense. Uno de los valores más arraigados de la sociedad estadounidense, está en la capacidad que tienen sus ciudadanos sobre la defensa de su libertad como lo establece su propia constitución que data de 1776. En este sentido, en 1791, se realizó la Segunda Enmienda a su Carta Magna, debido al clima de inseguridad que prevalecía en las diversas ciudades y poblados posterior a la consumación de su independencia y al propio proceso de expansión hacia el oeste de las que fueran las 13 colonias, lo inhóspito del territorio y los conflictos con los pueblos originarios obligaban a los ciudadanos estadounidenses a mantenerse armados para la defensa de sus vidas, su familia y propiedades.

En la actualidad, tal enmienda sigue siendo un tema que avala la Suprema Corte de los EEUU, pero que al mismo tiempo, se ha vuelto controversial por la cantidad de muertes, que para el año de 2017 alcanzó la cifra de casi 40, 000, de entre estas muertes,  más de 23, 000 fueron suicidios. Estos datos son parte de la punta del iceberg de una realidad que refleja que de las más de 650 millones de armas que existen en el mundo en manos de civiles, 48% están en territorio estadounidense, lo que serían alrededor de 310 millones, o sea, 4 de cada 10 ciudadanos de ese país posee un arma.  

Tal capacidad de posesión de armas se debe a que en todo EEUU, existen cerca de 64 mil distribuidores autorizados de venta, lo que es un amplísimo mercado, si se compara con los 14, 000 establecimientos de McDonald’s y los 12, 000 puntos de venta de Starbucks. La industria de las armas es una pieza fundamental de la economía estadounidense, pues estos datos se suman a que, en 30 estados de este país se venden armas por internet o bien, sin comprobación de antecedentes penales como son: Texas, Arizona, Nuevo México, Florida, Georgia, Alabama, Oklahoma, Luisiana, Missouri y Arkansas; como se puede observar, varios de ellos, que ofrecen libertades en la venta de armas son vecinos de la frontera mexicana, lo que acentúa el problema de la inseguridad que prevalece en ésta región. 

Esta libertad que tienen los ciudadanos estadounidenses para acceder a las armas (personales), permitió que en 2017 se alcanzaran ganancias por 42 000 millones de dólares, incrementando sus dividendos en más de 25% y alentando el crecimiento general de la economía de los EEUU; ejemplo de esto, es que la empresa de armas personales Ruger creció en 86% su demanda y su competidora Smith & Wesson se vio obligada a ampliar su oferta para mantenerse de manera competitiva en el mercado.  

De igual manera, desde el siglo XIX, cuando EEUU comenzó su proceso de ascenso en potencia regional hasta lograr ser la nación hegemónica a finales del siglo pasado, uno de los baluartes para su ejercicio de poder, ha sido que su economía tenga en el sector armamentista un actor relevante que nutre a cerca de tres cuartas partes de los países del mundo, de armas, dispositivos, municiones entrenamiento y actualización de equipos, necesarios para el sostenimiento de sus seguridades y defensas nacionales; actualmente, EEUU vende el 57% del armamento global con ganancias para 2017, de 42, 000 millones de dólares a través de empresas como: Lockhead Martin corp, Boeing, Raytheon, Northrop Grummsn Corp, General Dynamics corp, Textron, entre otras.  Estos datos que van desde la producción, distribución, oferta y compra, deben de ser vistos a la luz de la trasformación de la realidad geopolítica en la que se encuentran diversos países del mundo, como lo son: Siria, Yemen, Nigeria, Pakistán, Afganistán, Irak, Libia, Honduras, El Salvador, e incluso las propias condiciones de violencia en las que se encuentra México. A estas condicionantes se debe de sumar el vertiginoso ascenso de los populismos en diversas naciones del mundo que están dislocando el orden anhelado de llevar a las diversas sociedades a vivir en un ambiente de apego a la democracia, las libertades políticas, económicas y sociales, para dirigirnos a modelos cercanos al totalitarismo.  

Estos populismos que se encuentran tanto en la izquierda como en la derecha del espectro político tienen eco en la propuesta del geopolítico Alexander Dugin (asesor del gobierno de Putin), de acentuar los valores de identidades y tradiciones nacionales en contra de la acción de lo que representa la globalización y mundialización. Si bien es importante la defensa de la identidad nacional, la radicalización de este tipo de propuestas está abriendo las puertas a movimientos xenófobos que justifican el odio frente a otras sociedades y naciones por diferencias étnicas, políticas o sociales. 

Las propias redes sociales ya son parte de este peligroso juego, como se pudo constatar con  la participación de Cambridge Analytica en las pasadas elecciones de los EEUU, y que también tuvieron un destacado papel en diversas elecciones en África, Europa del Este, América latina y el propio proceso del BREXIT. Una amplia competencia de la industria global de la armas, una nación que consagra la posesión de las mismas, populismos y herramientas de digitalización mundial son temas para tener en cuenta en el quehacer de las naciones hoy en día y de la preservación de la estabilidad global. 

¿Será a caso que en la Cancillería y en Palacio Nacional entienden el valor de la fragilidad del sistema internacional? ¿Será que cuentan con los datos suficientes para entender a EEUU como parte de la industria de las armas y de sus implicaciones? Y con todo respeto, ¿En Palacio Nacional consideran lo delicado que es la relación bilateral con EEUU en un momento donde el populismo va de la mano de la xenofobia? De ahí la importancia de que el discurso mañanero del ejecutivo federal sea a favor de la unidad nacional y no de la discordia nacional.