AL TIEMPO

Se equivoca el gobierno mexicano ante la crisis de Bolivia.

Y la equivocación es mayor cuando el presidente López Obrador ofrece asilo político al dictador Evo Morales y cuando considera que el depuesto mandatario ganó legalmente la reelección como presidente de Bolivia.

Y es que la crisis boliviana no se gestó a partir de un golpe de Estado, como supone el gobierno mexicano.

No, en realidad partió de un fraude electoral cometido por el propio presidente Morales quien, delirante por sus ambiciones de poder sin límite, pretendió perpetuarse en el cargo.

Y el fraude electoral fue tal que indignó a millones de bolivianos que salieron a la calle a exigir la renuncia del reelecto presidente.

Y esa lección –de que “¡con la voluntad popular no se juega!”–, es el mensaje más importante que envía la crisis boliviana y que debiera atender el gobierno mexicano.

Incluso lo podemos resumir en un clásico del refranero popular: “el pueblo, se cansa, de tanta pinche transa”. Y en Bolivia el pueblo se cansó “de tanta pinche transa” de Evo Morales.

Lo más lamentable es que en México, el presidente Obrador sigue los pasos de su admirado Evo Morales.

Y es que López Obrador colonizó y ya tiene el control total del Poder Judicial y, sobre todo, de la Suprema Corte.

De manera tramposa e ilegal, López Obrador se apoderó de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Ya tiene el control de la mayoría de los organismos autónomos, de las cámaras del Congreso y de los medios de comunicación.

Y, por si no fuera suficiente, AMLO va por el Control del INE y del Tribunal Electoral.

Todo mediante transas, chicanadas, violaciones legales y, sobre todo, violaciones constitucionales.

Por ejemplo, se apoderó de la Suprema Corte mediante una maniobra que violó la Constitución. De igual manera, el partido Morena hizo trampa en el Senado, para apoderarse de la CNDH.

Toda esa ruta autoritaria y de control dictatorial la siguió Evo Morales, hasta llegar a la reelección tramposa que catalizó su caída.

Y es que en la Bolivia de Evo, durante los últimos 13 años, el pueblo no sólo fue empobrecido sino burlado y engañado por el despotismo del poder presidencial que –con el tiempo–, se convirtió en una vulgar dictadura populista, capaz de colonizar todas las instituciones del Estado, para perpetuarse el poder

Al final, todo el aparato corporativo de la dictadura le escatimó a los bolivianos un proceso electoral que, de manera clara, resultó en un rechazo contundente al que el dictador se perpetuara en el poder.

El fraude no sólo provocó que millones de bolivianos salieran a la calle para exigir respeto al voto popular sino que puso en marcha los mecanismos de revisión continental que le competen a la Organización de Estados Americanos (OEA), que sin mucho dificultad descubrió el fraude electoral, lo denunció, lo documentó y recomendó reponer el proceso.

Ante la presión callejera e internacional, la primera respuesta de Evo Morales fue convocar a nuevas elecciones.

Sin embargo, la crisis se catalizó cuando saltaron a escena los militares y la policía nacional, quienes llamaron a la renuncia del presidente.

No sabemos qué sigue; no sabemos si veremos la vuelta del poder militar en Bolivia o si la democracia estará de vuelta.

Sin embargo, el mensaje es claro, “¡con la voluntad popular no se juega¡”.

¿Lo entendiste Andrés?

Se los dije.