La iniciativa sobre Reforma Eléctrica, de manera indirecta, le dio al Partido Revolucionario Institucional (PRI) una gran disyuntiva: votar en contra del proyecto “modernizador” de Enrique Peña Nieto o regresar a la visión de los años setenta que parece plantear el proyecto del gobierno de la República. Y le dio otras oportunidades.

De manera clara, las posiciones de los Senadores y Diputados se han evidenciado en la última semana y, con ello, también han demostrado que en el PRI no hay voces únicas y que el liderazgo de su presidente, Alejandro Moreno Cárdenas, no es suficiente para llevar a buen puerto las negociaciones para solventar el trabajo en el Congreso de la Unión.

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Es paradójico, también, que las reformas estructurales impulsadas por Enrique Peña Nieto vayan a provocar un cambio en el rumbo del PRI y, quizá, la posibilidad de que, por fin, ese instituto político se “renueve”.

Carlos Salinas de Gortari fue el último líder priísta que buscó transformar al PRI para convertirlo en el de la Solidaridad y adaptarlo a los tiempos que venían luego de la caída del Muro de Berlín. La de éste, fue la última reforma planteada en los últimos veinticinco años para que el instituto político se “renovara” y dejara atrás la visión de la Revolución Mexicana.

Así, Enrique Peña Nieto, con su frivolidad e insensibilidad política, está contribuyendo a la extinción o sobrevivencia renovada del PRI.

Hace unas semanas escribí sobre la importancia de la existencia del Partido de la Revolución Democrática. Así mismo, creo que es fundamental que el PRI se renueve, que los líderes y grupos más avanzados y capacitados, que tengan menos pendientes con la corrupción y las “transas”, se apropien del instituto. Este sistema que fortalece al presidencialismo, a un presidente de la República con tintes autoritarios, lo necesita.

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Recuerdo que, previo a la elección del 2000, un grupo de periodistas se reunieron en casa de un Magistrado para una tertulia donde participaron importantes líderes priístas. Uno de los comunicadores preguntó sobre la “capacidad de movilización del partidote” (¿estaba calculada?). Las respuestas optimistas contrastaban con la realidad de la calle y el crecimiento exponencial de la oposición. Esa realidad continúa. Hoy el PRI es una sombra tenue en el espectro político de la oposición.

A 12 años de esa elección, Enrique Peña Nieto ganó la Presidencia de la República bajo todos los claroscuros de dudas sobre corrupción, compra del voto y demás figuras de nuestros procesos electorales. El sentir de la base de los militantes y simpatizantes del PRI era que llegaban tiempos afortunados. Lo fueron para quienes se enriquecieron y construyeron casas blancas y residencias lujosas. Los grupos del poder priista lo pervirtieron y pusieron al borde de su desaparición.

No es fácil para una buena parte del PRI pensar lo que sucederá porque están acostumbrados a recibir “línea”. De hecho, las comunicaciones del líder del partido, parecen viejos comunicados donde la línea estaba presente. La pregunta ahora es: ¿la línea viene del presidente Andrés Manuel López Obrador o de qué presidente? Eso deben aclararlo los dirigentes priístas.

La negativa que algunos legisladores como Claudia Ruíz Massieu, Xavier González o Rodrigo Fuentes, han manifestado públicamente, también los debería llevar a plantear un cambio necesario al PRI. Aunque no es suficiente. Su voz se expresa, pero sus acciones no se notan: parece no haber comunicación con los militantes y simpatizantes del mismo instituto.

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La narrativa que el gobierno de la República y el Movimiento de Regeneración Nacional han dado a la reforma eléctrica, calificando la que logró Enrique Peña Nieto como producto de la corrupción y la transa, ha descalificado lo bueno que haya tenido la de LXII Legislatura. Y es la imagen de ella y del PRI, PAN y PRD.

¿Por qué el PRI y sus aliados (Acción Nacional y el de la Revolución Democrática) no difunden o comunican a las personas las ventajas de ese modelo energético?

De ahí que se vuelve más paradójico el voto del PRI: Sí vota en contra de la Reforma, en la “creencia” de las y los ciudadanos, votarán por mantener la corrupción; si votan a favor, admitirán que se equivocaron, que su proyecto no tuvo sentido y que fue soporte para la corrupción.

Hay una pregunta que no se ha planteado la oposición: ¿Por qué el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, no presentó esta iniciativa como preferente? Sabía que no tenía la mayoría inmediata y que tendría que ir trabajando las negociaciones, amenazando e intimidando. Sabían que el flanco débil era el PRI y están apostando a dividirlo, a conseguir esos votos que necesitan.

La mayoría de los legisladores priístas tienen capacidad de negociación, saben de los entramados del sistema y del legislativo, pero muchos tienen antecedentes poco honrosos que los limitan para unas negociaciones fuertes. No deberían ser ellos quienes conduzcan las negociaciones.

De ahí la importancia de los grupos y legisladores y legisladoras que no tienen antecedentes y que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no pueda manipular. El primer ejercicio es detener una reforma eléctrica, el siguiente es cuestionar los liderazgos y plantear la verdadera transformación del PRI. Suena exagerado, pero el PRI debería tener su primera limpia, por sobrevivencia.

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