AL TIEMPO

En efecto, es una mentada de madre para millones de mexicanos.

Sí, es la sublimación de la estulticia presidencial, decir que “nos cayeron como anillo al dedo” las pandemias sanitaria y económica, y todas sus secuelas de dolor y muerte.

Y no hay duda que sólo un estulto, afectado de sus facultades mentales, como López Obrador, pudo decir tal cosa.

Y es que sólo un egoísta, un ególatra al que nada y nadie importa más que él mismo, puede pensar que las muertes producto de la epidemia del siglo y que los daños causados por la crisis económica global, “nos cayeron como anillo al dedo”.

Sí, en buen castellano, se trata de una mentada de madre del presidente Obrador, a millones de mexicanos, a los que debe respeto, debe el cargo y a los que deber obedecer, porque es el mandatario y los ciudadanos son los mandantes.

Y es que a nadie –del estrato social, el credo o la posición que se quiera–, “le viene como anillo al dedo” la muerte de personas, la enfermedad, el desempleo, la miseria, el hambre, la desesperanza, la angustia, la tristeza y el fin de una empresa que se construyó durante años.

No les cayó “como anillo al dedo” a los miles o millones de mexicanos que perdieron su empleo; a los meseros, los cocineros, los garroteros que no cuentan con un trabajo para llevar el pan a sus familias.

No les cayó “como anillo al dedo” a los millones de trabajadores de la construcción que vieron perder su empleo porque las obras se detuvieron; porque todos esos trabajadores viven al día.

No les cayó “como anillo al dedo” a miles o millones de trabajadoras domésticas, muchas de las cuales fueron retiradas de su trabajo sin salario, porque sus patrones tampoco reciben ingresos y porque la cadena del desempleo no se detiene ante profesión, estrato social o cargo.

No les cayó “como anillo al dedo” a las trabajadoras sexuales que, en una ironía del destino, literalmente se quedaron en la calle.

No les cayó “como anillo al dedo” a peluqueros, estilista, maquillistas, manicuristas, que debieron cerrar sus negocios y que no los podrán abrir fácilmente porque tampoco pueden pagar la renta.

Y tampoco les cayó “como anillo al dedo” a miles o millones de personas que sobreviven de la renta de un pequeño local, en donde nacieron miles de pequeñas empresas que hoy han muerto.

No les cayó “como anillo al dedo” a millones de choferes de taxi, de transporte público, de transporte de carga; millones de mexicanos que, de igual manera, viven al día.

No les cayó “como anillo al dedo” a miles o millones de profesionistas independientes que viven de su pequeño despacho contable, de su consulta, de su asesoría; pequeñas empresas que también despidieron a la telefonista, a la persona del aseo, al mensajero…

No les cayó “como anillo al dedo” a millones de pequeños negocios de todo tipo, que mandaron a los empleados a sus casas, sin empleo y que cerraron ese sueño de toda la vida que eran esas millones de microempresas que han muerto y que no volverán a ver la luz.

No les cayó “como anillo al dedo” a las familias que perdieron a un ser querido a causa del Covid-19, no les cayó como anillo al dedo a las familias de más de 50 mil muertos, a causa de la violencia, en el gobierno de López Obrador.

En resumen, decir que las pandemias sanitaria y económica “le cayeron como anillo al dedo” al presidente mexicano y a su proyecto de nación, es la más ofensiva de las expresiones de un político, de un hombre de poder y de un presidente.

Sólo por esa ofensa, que significa el fracaso de la política, el presidente López Obrador se debe disculpar y debe renunciar.

¿O no?

Se los dije.