Apenas la semana pasada criticamos la bochornosa zalamería del Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, quien declaró, ante pregunta expresa sobre las riesgosas e irresponsables conductas del Presidente en actos públicos, que “La fuerza del Presidente es moral, no es una fuerza de contagio”.

Por supuesto que López-Gatell quedará en ridículo por el resto de sus días, al mancillar su propia formación científica sólo por quedar bien con “su” jefe, un mequetrefe con pésima formación académica.

Pero resulta que John Ackerman, el gringo que se siente Emiliano Zapata cada vez que come garnachas en el centro de Coyoacán, no quiso quedarse atrás y se aventó otra perla zalamera… ¡caray, hasta parece concurso de arrastrados!

Pues resulta que el “académico” John Ackerman aseveró que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es “un científico” preparado para hacer frente a la emergencia del coronavirus.

En el marco del programa que comparte en Canal Once con Sabina Berman, otra aplaudidora pejista, el pasado martes 17 de marzo Ackerman aseguró que la situación del COVID-19 se ha mantenido bajo control gracias a las ideas y los planes de AMLO: “Andrés Manuel López Obrador, él es el científico, por supuesto que sí; a ver, el secretario y el subsecretario de Salud están siguiendo instrucciones del Presidente de la República. Por supuesto que es un científico”, insistió el “académico” de la UNAM.

La polémica no se hizo esperar, sobre todo porque, justo al siguiente día (miércoles 18 de marzo), el “científico” López Obrador dio muestras de su mentalidad retrógrada y mágico-religiosa: durante su aburridísima conferencia matutina, el Tirano de Macuspana presumió sus amuletos para combatir el posible agravamiento de la actual crisis sanitaria, entre ellos un Sagrado Corazón de Jesús.

“Detente enemigo, que el Corazón de Jesús está conmigo”, rezó AMLO en público, violando la laicidad del Estado Mexicano y salpicando con su lodo fanático el espíritu científico que debe prevalecer en México, en términos del artículo 3º constitucional.

 

¡Una vergüenza pública en transmisión nacional!

 

¡El Presidente de México recurriendo a mitos y amuletos para combatir una pandemia! ¡Y, para colmo, su bufón John Ackerman sosteniendo que López Obrador es “un científico”!

 

¡Y pensar que por ese pelmazo votaron 30 millones de mexicanos!

 

¡Carajo, se trataba de castigar electoralmente al PRIAN, no de pasar a joder a México de pies a cabeza!

 

No nos extraña que el Ganso Cansado de Palacio Nacional recurra una vez más a la religión como instrumento demagógico: es lo propio de personajes como él, como Hugo Chávez, como Nicolás Maduro, como Evo Morales, etc.

 

La religiosidad popular es muy influyente en países como México: el cultivo de la razón choca de frente con el dogmatismo y el miedo inherentes a las creencias religiosas. El espíritu científico es un bien escaso en países como el nuestro. Por eso, López Obrador recurre continuamente a las formas y figuras de la religión mayoritaria en nuestro país: el cristianismo.

 

La manipulación política de los sentimientos religiosos de las masas es un arma fundamental de los demagogos. López Obrador lo hizo de nuevo. Y lo peor es que las personas que algo pueden aportar en materia de ciencia aplicada, como López-Gatell, prefieren someterse a la subjetividad caprichosa de los demagogos.

 

Vendrán tiempos muy difíciles para la economía nacional y para la salud pública, y la verdad es que tenemos a un fanático inepto en la Presidencia de la República.

 

Por el bien de México, en el 2021 debemos quitarle poder a ese demagogo decrépito. Esperemos que la oposición muestre madurez para esto.

 

Facebook: Carlos Arturo Baños Lemoine

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