Ya nos quedó claro: al inepto Tirano de Macuspana le urge un golpe de Estado, para pasar a la historia como un “mártir”. López Obrador ya se dio cuenta de que su gobierno es una porquería y prefiere quedar como “santón” del socialismo futuro, antes que como un pésimo gobernante.

 

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Andrés Manuel López Obrador quiere seguir los pasos de su admiradísimo Salvador Allende, ese presidente socialista que llevó a Chile al caos económico y político, ese vulgar demagogo que llevó al pueblo de Chile a dramáticos callejones sin salida, ese patético político que sumió a Chile en una dictadura militar, la de Augusto Pinochet.

Apenas va para año y medio, y el gobierno de López Obrador da muestras de estulticia, incapacidad e ineficiencia. Mucho teatro populista para las masas ignorantes y resentidas, pero ni para estas masas está gobernando bien: pura basura de carísimos programas asistencialistas (limosnas clientelares), y malos sistemas públicos de salud, educación, energía y transporte. Por decir lo menos y lo más obvio.

Además, a todos los mexicanos nos ha venido a afectar el decrecimiento de la economía y el aumento de la violencia y de la inseguridad. También tenemos un simulado combate a la corrupción; combate que más bien parece una estrategia de persecución contra los enemigos políticos del Tlatoani. Curiosamente, muchas figuras manchadas del pasado ahora forman parte de la 4T: para éstas no hay investigaciones exhaustivas, ni prisiones preventivas, ni órdenes de extradición, ni congelamiento de cuentas. Además, vemos todos los días la continuidad de los viejos vicios incluso en personajes de “nuevo ropaje”. Y, por si fuera poco, ya se asoman los primeros casos claros de fuertes irregularidades dentro de la 4T, como el de Ana Gabriela Guevara.

 

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En conclusión, todos sabemos que el gobierno de López Obrador es un fracaso total y rotundo: del tamaño de la promesa está siendo el tamaño de la decepción.

 

Por eso, López Obrador ya mejor busca quedar como mártir: desea encarecidamente que le den un golpe de Estado para ser “El Allende Mexicano”. Tiene vocación de predicador y de mártir: trae la mitología cristiana metida hasta el tuétano de los huesos.

Y su inconsciente lo traiciona. Por ello, cada vez que puede, el Tirano de Macuspana lanza loas a la lealtad de las Fuerzas Armadas, enfatizando la negativa de éstas a cualquier intento de golpe de Estado.

Así lo hizo hace justo una semana, durante la conmemoración del Día del Ejército: “Doy gracias a los soldados y marinos por no escuchar el canto de las sirenas y dar la espalda a la traición y al golpismo. Doy gracias por estar a favor de la ‘Cuarta Transformación’, que significa en esencia lograr entre todos los mexicanos desde abajo una sociedad mejor, un México mejor, más justo, más libre, más democrático y más fraterno”.

 

Casi a la calca las palabras de Salvador Allende.

 

El miedo no anda en burro (anda en vuelos comerciales).

 

Lo cierto es que López Obrador está poniendo sus barbas a remojar, porque bien sabe que ni siquiera bastará con tratar generosamente a las Fuerzas Armadas para evitar un posible golpe de Estado: no bastarán los contratos millonarios que se les están asignando a las Fuerzas Armadas para hacer obra pública, como tampoco bastarán los pingües aumentos de salarios y prestaciones.

Aun así, si en México se acentúan las condiciones de ingobernabilidad, los militares siempre estarán tentados a poner orden a punta de bayonetas. Así pasó en el Chile del inepto Salvador Allende y así puede pasar en el México del inepto Andrés Manuel López Obrador.

Facebook: Carlos Arturo Baños Lemoine

Twitter: @BanosLemoine

 

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