AMLO: POPULISMO Y POLARIZACION

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Los mensajes enviados por el nuevo presidente –tanto en los discursos del primer día, como en sus primeras acciones de gobierno–, confirman lo que siempre señalaron sus críticos; que su apuesta es por el populismo ramplón y por la polarización social.

Durante casi dos horas y en un discurso que hizo recordar a muchos la perorata interminable de Fidel Castro y Hugo Chávez, el nuevo presidente mostró que “lo suyo lo suyo” es el populismo de los años sesenta del siglo pasado.

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En ese mensaje “para los que menos tienen”, López Obrador sacó de la chistera dádiva tras dádiva, en una interminable promesa de regalar dinero para mantener fresco el aplauso popular. El problema vendrá cuando el dinero no alcance para todas las promesas y, sobre todo, cuando la terquedad del nuevo presidente –de tirar el NAIM–, le costará al dinero público de que cuestan varias secretarías de Estado.

También el populismo apareció en el primer viaje presidencial –a Veracruz–, en donde el populista presidente viajó como cualquier hijo de vecino. Ese gesto se ve muy bien, vende bien y arranca carretadas de aplausos fáciles.

Sin embargo, ese baño de pueblo atenta contra la efectividad y la eficacia del gobierno. Y es que de poco servirá que el Presidente trabaje 18 horas, si pierde muchas de esas horas en el aeropuerto, recibiendo “el apapacho popular”. ¿O será que ese apapacho es su alimento vital?

La polarización también estuvo presente. En el discurso ante el Congreso el Presidente Obrador mandó mensajes nada amables sobre su deseo de controlar a los poderes Legislativo y Judicial, a los que avisó que no serán respetados.

Le propinó una brutal golpiza al presidente saliente, Enrique Peña Nieto, a pesar de que arrancó el discurso con un agradecimiento que, luego quedó claro, no fue más que una amabilidad engañosa.

Pero volvió a la carga contra la Reforma Energética y contra la mafia del poder, contra “la minoría rapaz”. Y para festejar la madre de la polarización abrió Los Pinos “a la gente”.

Y, en efecto, la gente llegó a Los Pinos para causar destrozos y saquear lo que pudo. La exaltación de la lucha de clases; ricos contra pobres.

La vuelta a los caudillos. Francisco Villa expropiaba haciendas y “los muchachitos” saqueaban a los ricos y violaban a sus mujeres.

Y para que el populismo llegue a todas las almas, las cadenas nacionales de radio y televisión; todos los días. Además de mensajes en directo de las televisoras amigas y la docilidad mediática.

Hoy el nuevo presidente hace todo aquello que, por años, criticó a los priístas corruptos.

Se los dije.