El partido político que juntos construyen Margarita Zavala y el ex presidente Felipe Calderón –México Libre–, tiene muertos de miedo tanto al partido Morena como a su dueño, el presidente López Obrador.

Y el más reciente intento de boicot a las asambleas estatales de México Libre –boicot a la que se llevó a cabo el domingo 14 de julio–, estuvo a cargo del municipio de Naucalpan, Estado de México, en donde la alcaldesa de Morena, Patricia Durán Reveles –ex panista que saltó a Morena–, ordenó a los trabajadores del municipio bloquear las calles aledañas al lugar en donde el domingo se llevaría a cabo la asamblea del nuevo partido.

A pesar de lo grosero y grotesco, el boicot ordenado por la autoridad municipal de Naucalpan, no dió resultado y, en cambio, permitió exhibir el tamaño de la intolerancia y la barbarie a la que llegan Morena y el “lopezobradorismo”, en su guerra contra Margarita Zavala y el ex presidente Felipe Calderón.

Pero resulta aún más cuestionable que detrás de las maniobras persecutorias y nada democráticas orquestadas contra la construcción de un partido como México Libre, aparezca el ex presidente del PAN y supuesto demócrata, Manuel Espino. Queda claro que antes, como jefe del PAN y ahora, como títere de Morena, Espino no es y nunca fue más que un vulgar oportunista, sin principios y menos congruencia.

Y es que, en efecto, con actos de persecución e intimidación como el que sufrió el partido de los Calderón en Naucalpan, se confirma la perversidad política del partido Morena y de su dueño, López Obrador.

¿Perversidad política?

Sí, porque sólo una mente perversa, como la de López Obrador, le puede encomendar la persecución de Margarita Zavala y Felipe Calderón a un ex presidente del PAN como Manuel Espino.

Se confirma que trapecistas de la política como Espino, hacen el trabajo sucio de Obrador contra uno de sus principales adversarios, el Partido México Libre, cuya construcción ya parece irreversible.

Pero tampoco es nuevo que Obrador guste de provocar la pelea entre hermanos y que recurra a la parábola de “Caín contra su hermano Abel”.

En el caso del PRD, para legitimar a los maromeros que saltaron del partido amarillo a Morena, Obrador les encomendó destruir a sus ex amigos y/o a sus hermanos de lucha. Y una vez que con las manos ensangrentadas regresaban con la misión cumplida, entonces AMLO les daba la bendición y los convertía en soldados del bien.

Pero la persecución sufrida por México Libre en Naucalpan tampoco es la primera y no será la última intimidación. Vale recordar que el propio presidente Obrador y su secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, acusaron a Felipe Calderón de “tripular” la protesta de los efectivos de la Policía Federal contra la Guardia Nacional.

Lo descabellado de la denuncia y el intento de satanizar al ex presidente Calderón, llevaron a éste a formular una enérgica exigencia para que Obrador y Durazo presentaran pruebas de su dicho o, de lo contrario, se retractaran.

Está claro que el presidente y sus colaboradores aprovecharon la crisis y la protesta de los policías, para desviar la atención y para tratar de enlodar al ex presidente Calderón.

En el fondo, asistimos a la reacción natural de un gobierno y de un grupo político asustado y que rápidamente pierde simpatizantes y apoyo social –a causa de las incontables torpezas que todos los días cometen–, y ante el nacimiento de una alternativa política real, que ya es incontenible; el partido México Libre.

¿Hasta donde van a llegar Morena y el presidente Obrador para detener a Margarita Zavala y a Felipe Calderón?

 El tamaño de los miedos del presidente y de las torpezas de su “jauría” serán del mismo tamaño de la propaganda que le hacen a México Libre; del tamaño de la cultura antidemocrática de López Obrador y de su gobierno autoritario.

¡Se los dije!