Tienen razón aquellos que dicen que el de Obrador es un gobierno de caricatura.

¿Por qué?

Porque todos los días el presidente nos sorprende con una ocurrencia, una acusación sin fundamento y hasta un chistorete.

Es de caricatura, por ejemplo, el grotesco espectáculo de un presidente que firma una carta compromiso para prometer que respetará la Constitución y que no buscará la reelección.

Y es de caricatura porque al protestar como presidente, Obrador juró respetar la Constitución, las leyes que de ella emanan y hasta se comprometió a que si no fuere de esa manera –si violenta la Constitución–, “¡que la Nación me lo demande!”.

¿Para qué entonces la caricatura de firmar una carta intención? ¿Para que le aplaudan los perseguidos y los arrepentidos?

Es de caricatura porque la firma de la carta intención es la ratificación de que el propio presidente sabe que muy pocos ciudadanos creen sus dichos –y muchos dudan de su palabra–, al extremo de que debe prometer en carta de puño y letra que respetará la Constitución.

¿No es de caricatura que el propio presidente sepa que es un mentiroso sin credibilidad?

Además, es de caricatura que el presidente haya decidido tirar el NAIM con el argumento de que existió corrupción y que –en cambio–, al anunciar la Refinería de Dos Bocas proponga una licitación restringida, con sólo cuatro empresas extranjeras invitadas –de manera unilateral por el gobierno–, lo que supone una mayor corrupción.

Y resulta de caricatura porque el propio presidente ignora los básicos de la transparencia y la competencia y –en cambio–, contra lo que piensa el presidente, las posibilidades de corrupción son mayores en una licitación restringida que en una competencia abierta entre empresas.

Y la caricatura es mayor si revisamos que las empresas convocadas por el gobierno federal –todas extranjeras–, muestran focos rojos de corrupción, incluso algunas de ellas emparentadas con la brasileña odebrecht.

Pero resulta de risa loca si revisamos que entre esas cuatro empresas algunas no sólo han trabajado con los gobiernos del PRI sino del PAN, lo que las convierte en parte de la “mafia del poder”.

¿No es cierto que el nuevo gobierno mexicano nada quiere saber de la mafia del poder?

Tampoco es todo. Las cuatro empresas seleccionadas por AMLO son parte fundamental del esquema neoliberal que, curiosamente, el presidente mexicano declaró muerto, luego que lo sepultaron Nicolás maduro y Evo Morales.

¿No es de caricatura que un presidente mexicano declare muerto el neoliberalismo, cuando nunca ha sabido qué significa el neoliberalismo y menos lo que quiere decir su muerte?

¿No es de caricatura que esa misma muerte del neoliberalismo la hayan “cantado” antes que AMLO los sátrapas dictadores de Venezuela y Ecuador?

Lo cierto es que resulta de caricatura que por decreto un presidente declare muerto un modelo económico cuando él, todo su partido, su familia, viven inundados en el neoliberalismo que tanto detestan.

Y también es de caricatura que todos los días el presidente mexicano salga a sus mañaneras –mañaneras que cada vez tienen menos rating–, con el fusil al frente para disparar contra todo aquel que disiente y critica a su gobierno.

Es de caricatura que los voceros presidenciales hayan reconocido que no todo lo que dice el presidente se soporta en pruebas, en documentos y menos en cifras.

Es decir, un presidente de caricatura hace un gobierno de caricatura y sus propuestas de gobierno son, sin duda, de caricatura. ¿Qué parte de la caricatura se perdieron?

Se los dije.