La inconformidad de Marcelo Ebrard era secreto a voces.

En todos los rincones de Palacio se escuchaba “el rumor” de que había presentado su renuncia, pero nadie se atrevió a confirmar tal versión.

Y, ante la carencia de una confirmación puntual, a lo más que llegaron reporteros de la fuente, articulistas y columnistas fue a especular sobre la notoria ausencia y el bajo perfil de Marcelo Ebrard.

Aquí mismo, en Contrapeso Ciudadano, se especuló en más de una ocasión sobre la notoria ausencia del canciller, quien no apareció en los repetidos escándalos del presidente Trump contra el gobierno mexicano y menos en la escaramuza del gobierno mexicano con el gobierno de España.

Y no se diga el bajo perfil del canciller frente al problema monumental que significa la creciente migración que cruza el país “en busca del sueño americano” y que prácticamente colapsó la frontera de México con Estados Unidos.

Pero la señal que confirmó que para el presidente Obrador el canciller mexicano es “cero a la izquierda” la vimos en la plaza pública, en un evento de la campaña de la reelección presidencial, en Poza Rica, Veracruz, el 29 de marzo, cuando AMLO descalificó de manera pública a Marcelo.

En esa ocasión Obrador preguntó –a una audiencia bien adiestrada–, si los asistentes consideraban que el presidente mexicano debía responder las agresiones del presidente Trump o, por el contrario, debía ignorarlas.

En coro, una plaza pública bien adiestrada –cual mascotas–, ordenó al presidente Obrador no responder las amenazas de Trump.

Con una grito de triunfo, el presidente festejó eufórico: ¡ese es mi pueblo…!”.

Luego, en tono coloquial dijo que el pueblo sabio, conocedor de la política exterior está en las plazas; que sus verdaderos consejeros sobre política exterior eran precisamente esos ciudadanos de la calle, de la plaza.

No sabemos si de manera deliberada o sin por la libre, en ese momento el presidente mexicano echó a la calle, despidió a su canciller.

¿De qué sirve un secretario de Relaciones Exteriores, si el presidente no lo escucha y, en cambio, sólo escucha a la plaza pública?

Horas después de esa descalificación pública –el 2 de abril–, Marcelo Ebrard habría presentado su renuncia al presidente Obrador, según el articulista Fausto Pretelin.

Sin embargo, ante la versión periodística de que Marcelo Ebrard habría presentado su renuncia, la Cancillería sólo desmintió, sin más.

Fausto Pretelin explica la incomodidad de Ebrard de la siguiente manera –en su artículo de El Economista, del cual es director–: “Después de los primeros 100 días del gobierno del presidente López Obrador no era difícil identificar la incomodidad que desbordaba la imagen oculta del secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubón: pocos viajes y pocos mensajes, bajo perfil.

“No es común que un secretario de Relaciones Exteriores se acuartele en su oficina durante demasiado tiempo, sobre todo sabiendo que el presidente mexicano no es ni será un viajero frecuente (al exterior). No es casualidad que entre sus promesas de campaña reluciera la venta del avión presidencial.

“Existe, en la oficina del secretario Ebrard, quien sostiene lo contrario, que la correlación debe ser positiva: frente la ausencia del presidente en el mundo, menor número de viajes del secretario Ebrard hacia el mundo. Pienso lo contrario.

“Ebrard llegó el 1 de diciembre a Relaciones Exteriores sin la existencia de una segunda opción. Es decir, López Obrador no tenía entre su cartera de secretarías alguna opción para Ebrard que no fuera la de Relaciones Exteriores. “Durante los primeros 100 días Ebrard comprobó que el sexenio de Obrador no está hecho para lucir en el exterior. La conclusión: un presidente sin brillo internacional mantiene a su secretario de Relaciones Exteriores como una pieza ornamental”. Hasta aquí la cita.

Pueden negar en la cancillería la incomodidad de Marcelo y hasta desmentir su renuncia. Lo cierto es que en el gabinete presidencial de López Obrador ya arrancó la pelea por la sucesión en 2024 y la guerra es total; es una verdadera campal.

Pero de eso hablaremos en otro momento.

Se los dije.

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