Las preguntas las formularon miles o millones de mexicanos.

¿Cuál es o cuál fue el motivo del viaje presidencial a Centroamérica y el Caribe?

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¿Qué gana México con el acercamiento cómplice con Cuba, al tiempo que se produce el mayor distanciamiento con América del Norte y que de manera deliberada se destruye el TMEC?

¿Quién le autorizó al presidente mexicano regalar millones de pesos a Guatemala y Belice, entre otros países, cuando en México son millones los mexicanos pobres, desempleados, hambrientos y sin futuro?

¿Quién autorizó al presidente Obrador incorporar a la pesada carga del IMSS a miles de centroamericanos, cuando en México son millones de compatriotas que padecen la peor atención en ese y otros servicios de salud?

¿Qué clase de acuerdos militares y políticos realizó López Obrador con la dictadura cubana?

¿Quién le autorizó al mandatario mexicano recibir una condecoración que el gobierno cubano le ha otorgado a los peores dictadores de la historia?   

Lo cierto es que nadie en México ha tenido y tampoco tendrá respuesta a las interrogantes anteriores, por la sencilla razón de que no se trata de una rigurosa política exterior capaz de arrojar algún beneficio a México y los mexicanos, sino que sólo se trata de uno más de los caprichos de López Obrador por estrechar vínculos con sus iguales.

En efecto, estamos ante un mandatario que más que proponer una política exterior que provoque beneficios al país, actúa en función de sus profundos complejos interiores; su pequeñez, su desnudez intelectual y su profundo talente autoritario y dictatorial.

En pocas palabras: López se siente cómodo con sus iguales, los dictadores bananeros y sátrapas caribeños dispuestos al aplauso fácil a cambio de migajas del dizque “hermano mayor”.

Pero vamos por partes.

Es evidente que la visita a Cuba tiene dos claras intenciones; cumplir un viejo anhelo del dizque socialista López –quien se quedó atascado en su adolescencia procubana–, y su gusto por el poder absoluto.

En realidad la admiración de AMLO a la Cuba de los Castro y de su único heredero es la confirmación de que López nunca ha sido y nunca será un demócrata, sino un dictador de pacotilla.

Y el segundo objetivo es fincar una alianza militar que arrope a Morena y a su dictadura cuando en el 2024 se produzca la eventual derrota del partido oficial, Morena

En realidad Obrador no está sembrando programas sociales y tampoco siembra vida. No, en realidad está sembrando alianzas que, en el momento necesario, defiendan ante el mundo la destrucción de la democracia mexicana.

Es decir, hoy los “amigos” a los que López regala dinero y programas sociales, saldrán en defensa de la derrota del candidato de AMLO en la presidencial del 2024. 

Por eso regala dinero a los gobiernos de Centroamérica y el Caribe; por eso dizque exporta programas sociales y hasta pregona una hermandad que no es más que complicidad con las tiranías de la región, como la cubana.

Pero el problema se convierte en tragedia cuando reparamos en las preguntas que todos los mexicanos formulan.

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¿Quién le autorizó al gobierno de López regalar el dinero de los mexicanos?

En los hechos López aparece como un traidor a la patria, ya que entrega la seguridad, el bienestar y el dinero de los mexicanos a gobiernos extranjeros.

Y nadie, en los poderes Legislativo y Judicial, parece dispuesto a exigirle a López que atienda en México todo lo que dice atender en otras naciones “hermanas”.

No, señor López, el hambre, el desempleo, la inseguridad, la carencia de un sistema eficiente de salud, la educación de calidad, el crecimiento económico y el bienestar deben ser atendidos en México, no fuera de la casa.

Sí, AMLO es candil de la calle y dictador en nuestra casa.

Se los dije.