Al término de cada proceso electoral, todas las fuerzas políticas (ganadoras y derrotadas) advierten y relatan el motivo de su triunfo en las urnas: mejor imagen, mensajes más efectivos, propuestas con mayor impacto, estrategia territorial adecuada, voto de castigo, etcétera.

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Para la mayoría de los analistas de los procesos electorales, el número de voto por casilla, seccional y distrito, reflejan una tendencia a partir de la cual se comprueba la victoria o derrota de una u otra fuerza política. Muchos de estos análisis, sin utilizar la precisión sobre el desarrollo de las fuerzas políticas territoriales puede darnos un reflejo equivocado del propio electorado. Lo que no se preguntan es sí ese voto se expresará en un gobierno eficaz.

Pongamos un ejemplo que ya ha sido comprobado en los ejercicios de participación ciudadana: las Comisiones de Participación Ciudadana en la Ciudad de México. Se supone que en ellas las y los ciudadanos eligen a representantes que pueden incidir en el ejercicio de gobierno de la Alcaldía y ser ejes articuladores de la participación.

En Alcaldías como la de Cuauhtémoc las organizaciones de comerciantes en vía pública han ido ganando espacio y capturando estas Comisiones dado que parte de su estrategia electoral tiene que ver con el registro de sus agremiados en la demarcación y, evidentemente, con la movilización del voto en esos ejercicios. El resultado es que, en muchos espacios, los vecinos quedan borrados y son las organizaciones las que predominan.

Hay colonias, inclusive, en donde los procesos electorales son competidos por “ciudadanos”, “vecinos”, que son apoyados por esas organizaciones o líderes de comercio en vía pública. Durante este, del 2021, una ex candidata independiente, relacionada claramente con organizaciones del comercio en vía pública, abiertamente reconoció que estaba apoyando a algunos para que fueran candidatos independientes.

Evidentemente que la democracia es un espectro abierto que, justamente, pretende dar cabida a todas las personas y los procesos electorales se dirimen a partir de todos los elementos legales que los participantes tienen. Sin embargo, al escribir esto, intento advertir sobre la necesidad de análisis más profundos sobre los resultados electorales y apelo a la posibilidad de entenderlos mejor para reorientar el camino y visión que tenemos de estos ejercicios democráticos.

Lo que sucede en el caso de la Alcaldía Cuauhtémoc debe prevenirnos sobre el espacio de incidencia política real que se está ofreciendo a los ciudadanos para la elección de sus gobernantes y debe hacer reflexionar a ciudadanas y ciudadanos para replantear cómo influir realmente o efectivamente en la elección de nuestros gobernantes.

A raíz de los errores jurídico/administrativos y abusos que la Alcaldesa en Cuauhtémoc realiza, los habitantes de la demarcación nos hemos despertado con un personaje completamente diferente al que se presentó durante el proceso electoral.

 Es cierto, paradójico, pero quizá ya también la postverdad se ha normalizado de tal forma que el margen de credibilidad sobre nuestros gobernantes o los futuros gobernantes es cada vez menor. Diría un vecino: “No esperábamos más, pero tampoco mucho menos”.

Ya diversos vecinos y activistas han documentado la “especial” forma de gobernar de la Alcaldesa y las múltiples irregularidades en las que cae constantemente. La respuesta de ésta es bloquear o agredir a quienes la cuestionan.

¡Ah! Pero las críticas de los vecinos han dado oportunidad para que la ex candidata derrotada del Movimiento de Regeneración Nacional, Dolores Padierna, cuestione y movilice a sus grupos contra la Alcaldesa electa. En otras palabras, busca ganar, con la presión de su grupo, lo que no ganó en las urnas. Y no ganó porque, tampoco lo ha entendido, los habitantes de la demarcación recuerdan perfectamente su desafortunado trabajo como Delegada.

Y aquí viene el tema. Es normal que las y los ciudadanos busquen ser “utilizados” por los grupos políticos para cuestionar, criticar o presionar a sus opositores. Es también su estrategia y  “derecho” intentar hacerlo, pero aquéllos deben ser inteligentes para salirse de ese círculo donde las disputas de los grupos no dan ganancia a la demarcación.

Y aquí viene lo importante. Las y los habitantes de la demarcación no debemos ser los “tontos útiles” para reducir la crítica a un gobierno a una simple lucha de grupos políticos. En otras palabras, es el momento en que se modifique nuestra estrategia para influir en las decisiones, en el ejercicio de gobierno de la Alcaldía.

La Alcaldesa en Cuauhtémoc ya ha expresado que la Bejarano/Padierna empiezan a hacer un juego sucio contra su trabajo…sí, pero también su trabajo es el que está dando pretexto para esa recuperación del grupo que pocos desean regrese.

La Alcaldesa, Sandra Cuevas, afirma que quiere hacer de Cuauhtémoc la mejor demarcación. Sí está comprometida con ello y acompañada de las y los ciudadanos debe dejar de gobernar mediáticamente y escucharlos, dialogar con ellos. Hay muchas y muchos que, probadamente han trabajado desde hace décadas intentando construir una mejor demarcación, esto con o sin el apoyo de los titulares de la demarcación. Es su oportunidad, y eso requiere madurez política, requiere hacer verdaderamente política.

A los habitantes de la Alcaldía Cuauhtémoc no le conviene el juego turbio de Dolores Padierna y otras suspirantes que ya ven el camino para su avance político. Sin embargo, el problema, el punto esencial, radica en el desafortunado ejercicio de gobierno de la titular de la institución política.