Al hostigar y perseguir judicialmente a científicos y académicos, el presidente Andrés Manuel López Obrador se pone al nivel del dictador de Turquía, Recep Tayyip Erdogan.

A partir del 2016, luego de un intento de golpe de Estado para derrocarlo, Erdogan empezó a perseguir a los científicos de su país, a quienes acusó de promover el terrorismo con sus críticas al régimen.

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Tan solo en el 2016 fueron despedidos más de seis mil académicos y 434, entre ellos varios de los científicos e intelectuales más relevantes de Turquia, fueron enviados a prisión.

El caso más paradigmático fue el del novelista Ahmet Altan, quien en el 2018 fue condenado a cadena perpetua por “terrorismo”. Las pruebas que presentó la Fiscalía de Turquía en su contra fueron tres artículos publicados en un periódico y una entrevista en la televisión, en donde hizo críticas al régimen.

El intelectual fue liberado hace poco pero no porque a la dictadura se le haya ablandado el corazón, sino por la presión de organizaciones internacionales defensoras de derechos humanos.

En México, 31 científicos y ex funcionarios del Conacyt son acusados por la Fiscalía General de la República de delincuencia organizada, con la intención de que sean encerrados en un penal de máxima seguridad.

Y en el fondo, el origen de la persecución es muy similar a la del caso turco: varios de los científicos perseguidos han hecho críticas al gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Solo que a diferencia de Turquía, en México el Poder Judicial está actuando con independencia y ha negado las órdenes de aprehensión. De lo contrario, varios científicos ya estarían en Almoloya.

JC