El periodismo es una de las profesiones más peligrosas en los países donde la delincuencia organizada ha tomado a las instituciones y permeado a sectores de la sociedad.

Luego de la aparición del libro Todos los hombres del presidente (1974) y la película con el mismo nombre, en 1976, las escuelas de periodismo recibieron a miles de anhelantes aspirantes a émulos de Bob Woodward y Carl Bernstein. Muchos han logrado una carrera fructífera, pero otra gran mayoría no lo ha hecho. Por el contrario, la profesión les ha demostrado que el periodismo es difícil y requiere actos heroicos: enfrentar, desde los bajos salarios hasta la violencia que los poderes ejercen contra ellos.

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En México, de acuerdo con cifras de la misma Secretaría de Gobernación (SEGOB), entre el 1 de diciembre de 2018 y el 1 de julio del 2021 “…se han asesinado a 43 periodistas y 68 personas defensoras de derechos humanos, de los cuales 7 periodistas y 2 personas defensoras eran beneficiarios del mecanismo de protección”. Se refiere al “Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas”.

De acuerdo con la Unidad de Datos de Sin Embargo, durante el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa fueron asesinados 83 periodistas. Cifra que superó a los 47 del sexenio de Enrique Peña Nieto. Entre 2000 y 2018, 124 fueron asesinados, informó en abril del 2019, la organización “Artículo 19”.

Este lunes 9 de agosto, la periodista Azucena Uresti y un medio de comunicación recibieron amenazas, a través de un video supuestamente del denominado Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), “porque nunca le habían tirado directamente” a Rubén Oceguera Cervantes. Se intuye que el de la voz es Oceguera Cervantes.

Sin dudarlo, la solidaridad de muchos comunicadores se extendió por las redes sociales, especialmente por Twitter. Era evidente que el mensaje está modificando la misma percepción que se tiene de los Cárteles que, si bien ejercen una violencia clara, no se habían expresado tan extensamente contra una periodista. No está de más señalar que los adjetivos contra Uresti son altamente violentos.

Sí, el periodismo es una profesión benigna y, también, cruel. Quienes se dedican a ella lo hacen, en la mayoría de los casos, por su amor a la comunicación. Por supuesto, nadie debe ser amenazado o privado de la libertad del ejercicio de su profesión.

Tanto la SEGOB como la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana deben asumir las amenazas contra la periodista porque el hecho ha rebasado las condiciones “normales” en que operaba la delincuencia organizada.

Pero también, es indispensable que la SEGOB y los Grupos Parlamentarios, tanto en Cámara de Senadores y de Diputados, reconsideren si el Mecanismo de Protección a Periodistas está cumpliendo con sus objetivos. Recordemos que, en octubre del 2020, fueron eliminados/desaparecidos 109 fideicomisos con el fin de evitar la corrupción y generar “ahorros”.

Entre los órganos que fueron eliminados se encontraba el Fondo para la protección de las personas defensoras de derechos humanos y periodistas. Su desaparición solamente generó un incrementó en los trámites burocráticos; la pérdida de los remanentes de cada ejercicio fiscal; amplió la discrecionalidad en el ejercicio de los recursos y dejó indefensos a muchos periodistas y defensores de los derechos humanos. Como se sabe, es en este 2021 cuando el Mecanismo dejó de operar como tal, entregándole a la SEGOB las facultades discrecionales.

Al momento de justificar su intención para eliminar los fideicomisos, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, afirmó, el 7 de octubre: “Entonces, como yo sostengo que no hay ninguna injusticia, porque el que está recibiendo su apoyo lo va a seguir recibiendo, si realmente lo justifica, si realmente lo merece -abro un paréntesis nada más para recordar que nosotros somos simplemente administradores de los dineros del pueblo, el presupuesto es dinero del pueblo y es dinero sagrado, y lo tenemos que cuidar- entonces no hay ninguna injusticia”.

¿Las amenazas del CJNG ya justificaron la protección para la periodista Azucena Uresti o se requiere más pruebas?

El presidente de la República, ha abonado a que las personas vean con malos ojos la labor de muchos periodistas pues, desde su púlpito matinal, los ha insultado, amenazado veladamente y les ha dado la categoría de profesionales que protegen sus privilegios en contra del “pueblo bueno”.

¿Qué importancia tiene para las y los ciudadanos las amenazas a una periodista? Pesé a todos los insultos, adjetivos y “sambenitos”, que el gobierno de la República aplica a los periodistas, éstos continúan siendo ventanas a través de las cuales podemos ver una interpretación del mundo que, individualmente, no podríamos.

Han pasado los tiempos de los Carlos Denegri y ahora, pese a que el poder o la delincuencia organizada, utilicen la misma perorata por sentirse agredidos, cuestionados, el periodismo mexicano es cada vez más profesional y capaz.

Las amenazas a la periodista, Azucena Uresti, deben mover la conciencia de la sociedad pues, como lo cantó Cecilia Toussaint (En esta Ciudad): “Si vienen por mí, vendrán por los dos / Si vienen por dos, vendrán por los tres / Si vienen por tres, por todos vendrán.”

Lo escribió el periodista Ricardo Alemán el 19 de mayo de 2017, justo en el medio que acaba de ser amenazado por el CJNG: “La respuesta a la interrogante es demoledora. Y es que la terca realidad confirma, día a día, que a nadie importa la vida de los periodistas y menos importa aclarar su muerte”.