La política exterior de toda nación es fundamental para mantener el dinamismo de su vida diaria, del desarrollo y de su permanente vinculación con el resto de la comunidad de actores internacionales.  En el caso mexicano, durante casi 200 años de vida independiente, ha ido estableciendo una serie de mecanismos para evitar el desasosiego de la confrontación a causa de la propia experiencia histórica, sobre todo de lo acontecido durante la mayor parte del siglo XIX cuando, una serie de invasiones provocaron la inestabilidad del país, la confrontación política y por ende la pérdida de una extensa cantidad de territorio a manos de los intereses de los EEUU en su búsqueda por convertirse en una potencia mundial.

El siglo XX le fue permitiendo a México, establecer toda una serie de principios mediante los cuáles la política exterior se fue convirtiendo en el principal baluarte por el cuál se buscaba evitar la confrontación y dar el debido espacio para el diálogo y la negociación, tales procesos se volvieron el mecanismo idóneo para canalizar las diferencias y acercar posiciones pese a las adversidades del tiempo histórico que se estuviera viviendo. Tal proceso llevó a que durante casi toda la segunda mitad de dicho siglo, el posicionamiento de México fue en el sentido de ser un facilitador frente a la confrontación, de ser un intermediario entre las diferencias y de un acompañante ante la adversidad, que el entorno internacional y regional se fuera planteando.

Tal experiencia, la fue orientando con gran sapiencia hacia el entorno económico, con una atinada visión por parte de la dirigencia política que le toco vivir la caída del régimen soviético, para rápidamente buscar el debido acomodo en el nuevo proceso de la globalización que estaba liderando EEUU, la Unión Europea y Japón en ese momento, dicho ajuste le permitió a México integrarse a la Organización Mundial de Comercio y con esto vinieron importantes adhesiones como lo fue APEC, OCDE, Foro de Davos, Grupo de los 20 (G20), así cómo la integración al bloque de Norteamérica: el TLCAN.

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Es decir, los viejos enemigos durante todo el siglo XIX y parte del XX, supieron administrar sus fobias y rencores para encontrar un camino por el que asociaban sus mejores capacidades para hacer un frente único ante el cambio que se estaba gestando, que si bien lo lideraba EEUU, los actores internacionales buscaron establecer sus propias condiciones en el marco de la normalidad que se estaba estableciendo a finales del siglo XX. El TLCAN marcó una importante hoja de ruta de cual debería de ser el devenir de México para los siguientes años, uno en el que sin dejar de ser un país latinoamericano, daba un paso de madures política y económica para tejer una alianza estratégica que fue la envidia de todo el subcontinente americano, pues México a partir de ese momento era parte de Norteamérica, comenzaba a jugar en las grandes ligas internacionales de manera distinta, se le veía como una voz responsable y de capacidad.

Dicha asociación además, fue un perfecto andamiaje geopolítico para lo que fue el final del siglo XX y el comienzo del presente siglo ya que permitió a México establecer a posteriori una serie de acuerdos comerciales de gran importancia como lo es el actual TLCUE, el signado con Japón, con el Estado de Israel, pero también seguir participando en foros fundamentales para la estabilidad internacional, como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ser parte importante del Consejo de Derechos Humanos de dicho organismo y estar ahora presentes en las actividades de los Cascos Azules.

El cambio que fue teniendo a los últimos 30 años la política exterior de México, le fue permitiendo hacer un bloque frente al BRICS, se concretó la Alianza del Pacífico y el MICTA, así, cubriendo el escenario de Asia-Pacífico en uno, en el otro se proyectaba en Europa, Asia y Oceanía, la voz de México se escuchaba y se respetaba, ya no sólo por lo logrado de hacer respetar su soberanía en el siglo XIX y XX, se le seguía respetando por su importante activismo, ya fuera en foros económicos y financieros, como en los de Derechos Humanos, sin dejar de mencionar en los referentes al cambio climático.

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México se había posicionado, no obstante las difíciles condiciones para enfrentar un problema interno referente al combate al crimen organizado transnacional, las fuerzas armadas, tanto SEMAR como SEDENA, entraron en un proceso de modernización para hacer frente a este flagelo, tal hecho fue acompañado por el apoyo institucional de diversas naciones, sobre todo de sus socios del TLCAN, pero más aún, la confianza en el país se mantuvo y mejoró tanto que se volvió referente para las inversiones extranjeras directas, colocando a México como un país emergente y muy bien evaluado por las principales calificadoras como Fitch, Standard & Poor´s o Moodys, lo que le permitía competir por los mercados globales cada vez más demandantes y exigentes de la calidad y eficiencia de los productos a negociar en el marco de la globalización.

Hoy México apuesta al regreso al siglo XIX en materia de política exterior, apuesta regresar a evitar el contacto constante y decisivo en los grandes foros, hoy más que nunca los Estados nacionales y sus dirigentes están expuestos al escrutinio de la opinión pública internacional, sus actos y políticas de gobierno son censadas y escrutadas, nada queda fuera del gran Big Brother de los movimientos geopolíticos de las potencias y de sus intereses.

En este sentido, la pandemia ha significado un impasse para la política exterior actual, pero a manera en que se reactiven los procesos de interlocución será muy evidente el aislacionismo en el cuál estamos metidos y se debe atender un asunto, el regreso a la normalidad traerá un activismo de todos aquellos pendientes que existen en el escenario internacional a los que México debe de atender con inteligencia y sagacidad, identificándose como un actor geopolítico relevante, un negociador eficaz y un orquestador de intereses globales y regionales de gran valía. Aún es tiempo para México y más con la oportunidad que le puede brindar la entrada en vigor del TMEC.