El presidente de la República ha llegado a la mitad del camino de su administración. Su mandato inicia un derrotero que lo conduce a los caminos sinuosos de la sucesión presidencial. Ha sido persistente en su estilo personal de gobernar, donde destaca una alta concentración del poder en su persona y un discurso de odio constante, que tiende a dividir, polarizar y confrontar a la sociedad y con la mayoría de los grupos organizados.

Aún cuando goza de una popularidad cercana al 70 por ciento, ello no le ha permitido resolver los problemas nacionales en los ámbitos social, económico y político, propiciando crisis en salud, seguridad, empleo, migración y en sus relaciones con los gobernadores y sus posibles sucesores.

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La mirada de un vaso presidencial medio lleno o medio vacío muestra que los retos y las oportunidades van parejos y que existe aún la oportunidad de un viraje que pudiera favorecer los intereses de la sociedad.

Los datos duros sobre los contagios y muertes provocados por el COVID-19 y malas decisiones en la política de salud, han puesto al país en una situación grave que lo ubica en el cuarto lugar mundial por las personas y familias afectadas. Los más de 108 mil homicidios dolosos, que ocuparían casi en su totalidad la capacidad de personas en el estadio azteca, muestra un país en donde día a día se cuentan los muertos, pero no se vislumbra ningún control de la inseguridad.

Las caravanas de migrantes con actos violentos en su movilización, expone incapacidades para atender este fenómeno internacional que ya se ha vinculado al trasiego de drogas.

Las remesas han entrado a un ámbito de sospecha que las lleva a facilitar el manejo de recursos por parte de la delincuencia. El desempleo y las dificultades en la atención del sistema de educación media y superior, ampliaron la opción de reclutamiento por parte de los grupos criminales, sin lograr disuadir, ni contener y menos confrontar el crecimiento de las actividades de los carteles. Los señalamientos de una supuesta militarización, por la amplitud de tareas que el poder político demanda de las fuerzas armadas, ha colocado al ejército, la marina y la guardia nacional, en una situación delicada y de sospecha sobre su limitada intervención en contra de la delincuencia organizada. El mando único en los estados los coloca en estado de indefensión.

La corrupción no se ha terminado, continúa galopando y alcanza cotidianamente a la familia y al círculo cercano del presidente, las obras representativas del gobierno parecen un pozo sin fondo y cada día su utilidad disminuye para resolver problemas del desarrollo, señalándolas como caprichosas. Pemex y CFE no encuentran la salida a sus problemas.

Los ataques del poder político a organismos autónomos, tanto electorales como educativos, así como del tratamiento de los datos e información estratégica, exponen los intereses del grupo en el poder, que bajo supuestas prácticas de corrupción o abuso, no probadas, amenazan con un constante intervencionismo gubernamental y, en lugar de avanzar en su mejora, parece que pretenden controles autocráticos que lleven a su desmantelamiento; con recortes presupuestales se socava el buen funcionamiento de estos organismos y se fortalece la idea de sepultar estas instituciones.

La democracia, el estado de derecho, la ciencia, la libertad de expresión y el desarrollo y seguridad de la nación, no han visto el mejor rostro de un gobierno que inició con una gran dote de respaldo y que pareciera se ha dedicado a disminuir el bono democrático inicial y a sepultar la esperanza de sus seguidores.

Resulta extraño que el resentimiento, odio, falta de atención a los problemas nacionales articulen una falta de visión en el gobernar, se continúe culpando a terceros de lo que es responsabilidad directa y sean un elemento predominante en ese ejercicio cotidiano de uso mediático, en donde se encuentra la fuente del sospechoso y elevado rating de quien va a la mitad de su responsabilidad pública.

Las relaciones con el vecino del norte se mantienen en buen nivel, pero las presiones ante la inseguridad, energías limpias y migración, son parte de los intereses nacionales de EU y cada día presionan más.

Es deseable que las turbulencias cotidianas encuentren el interés del principal tomador de decisiones y no sean vistas como parte de un río revuelto, en ocasiones autocreado, que solo refleje el narcisismo del poder y lo lleve a mayores conflictos, ante un manejo inadecuado de los asuntos públicos y de su propia sucesión.

Estamos a la mitad del río, en donde el retorno no es opción, salvo seguir avanzando para alcanzar la orilla salvadora.