Todos los días, el presidente se dedica a dividir a los mexicanos entre racistas, fifís, conservadores, adversarios, clasistas, etcétera. Todas las mañanas escupe veneno para amargar a la sociedad y desesperar. Parece que su misión es dejar el mundo en peores condiciones de las que las encontró.

Pero ¿por qué le ha salido todo bien al mandatario? Sencillo: porque su incongruencia, su manera tan corriente de expresarse, su ignorancia y su falta de convicción son un reflejo de lo que padece la sociedad mexicana. La gente no sabe lo que quiere y cuando eso sucede, el país se queda sin rumbo y quien manda es un incompetente.

Después de los terroríficos acontecimientos en Culiacán, la sociedad mostró una serie de sentimientos que se encontraron en el camino dejando claro que México no tiene rumbo alguno, ni tendrá. El miedo de algunos se contrapone con el gusto de otros al ver a los narcos tan empoderados salir a las calles y mostrar su músculo haciendo disparos al aire. La indignación de unos se vio opacada por las declaraciones del Ejecutivo y de su séquito de aplaudidores, quienes no cesaron en escribir y decir que había sido un acto humanista. La impotencia de unos pocos se quedó ahí, porque el resto se encargó de ignorarla. La noticia de los más de treinta recién nacidos llamados como el hijo del narcotraficante fue revelador. El disgusto de los culichis mostrado en redes al decir que solo ellos podían opinar dejó sin palabras. Las mentiras del presidente López acerca de lo que verdaderamente ocurrió y el haber culpado a las Fuerzas Armadas para enredar más el asunto y salir como siempreairoso fue demoledor.

Pero lo más trágico del asunto es que el jefe del Ejecutivo refleja a la mayoría de la sociedad mexicana. Una sociedad que pide paz, pero que se queja de cualquier acto en contra de los delincuentes; una que pide progreso, pero que envidia al de junto; una que dice querer a la patria, pero que no deja de ensuciarla; una que dice estar harta de la corrupción, pero es partícipe de corruptelas; una que se siente intelectual, pero que ni tener una idea clara puede; una que quiere que acaben con los narcotraficantes, pero que compra mariguana y visita giros negros; una que se dice humana, pero que es incapaz de regresar un saludo, de ayudar a un niño o de tratar bien a un animal; una sociedad que se presume cansada de tener un presidente vulgar, pero que en redes no deja de comportarse como tal; una sociedad que se dice progresista, pero que no sabe reconocer lo que tiene ni agradecer lo que otros gobiernos le han dejado; una sociedad que insulta al Ejércitopor represor, pero que calla ante el narco secuestrador. ¿Es la sociedad mexicana muy distinta a su mandatario? Son muy pocos los mexicanos que verdaderamente se separan por sus convicciones y por su carácter, pero desafortunadamente en una democracia la mayoría tiene más voz. El resultado degeneraciones sin pensamiento crítico ni convicciones es el vivir en un país sin oposición, pues el Gobierno y sociedad no saben lo que quieren. A México se le apagó el faro y se quedó sin rumbo. Necesitamos que alguien lo prenda, pero parece que quieren seguir a oscuras, vivir de sorpresas y culpar a otros por las tragedias. El presidente López no vería el faro ni aunque estuviera encendido, no es una persona capaz ni tiene la intención de hacerlo.

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Tener un gran país es tomar decisiones firmes que aunque no gusten, den como resultado años de progreso y de calidad de vida para todos. Un faro sin encender es un barco perdido y este puede convertirse en un barco hundido.