Antes de leer esta columna tiene que saber dos cosas, la primera es que no estamos hartos del movimiento, estamos hartos de que nadie se fije en el objetivo real del #MeToo y dos, no hay que perder de vista que el tema de fondo es el acoso sexual.

Durante los últimos días todo mundo habla sobre “Yo también”, un movimiento surgido en redes sociales, especialmente en Twitter, para denunciar acoso sexual.

Derivado de estos tuits se han destapado varios casos y hoy están en la mira periodistas, escritores, maestros, actores, cantantes y jefes de oficina. La mayoría de ellos fueron denunciados desde el anonimato por lo que se demeritó la acusación y lo único que se puso en la mesa fue que sin nombre y sin apellido no tenían validez.

Hasta cierto punto, hacer una denuncia anónima es una forma de reclamo, pero no sirve de nada sin dar la cara porque es como lanzar una piedra y no atinarle. Para que se dé una idea de la situación en la que estamos, de 2015 a la fecha se han denunciado 7 mil 251 casos de acoso sexual (es nada) y 4 mil 216 por el delito de hostigamiento sexual.

¿Sabe lo que eso significa? Que las mujeres no están yendo a denunciar. Y no denuncian porque la autoridades no están capacitadas para recibirlas. En México sólo 16 estados tipifican el acoso como delito y en la CDMX puedes pagar entre 4 y 10 mil pesos como multa para que seas liberado por acosar a alguien.

El tema detrás de #MeToo no son las denuncias anónimas, ni la muerte de un cantante, ni las estocadas de las redes, sino el acoso, por eso estamos hartos.

De que nadie haga nada, de que no se les dé voz a las mujeres que sufren acoso, de que nadie ponga el tema sobre la mesa, de que el Presidente le eche la bolita al Inmujeres, de que los hombres sigan siendo machistas, de que las mujeres no puedan ser libres.

Estamos hartos del #MeToo, porque no habría ningún problema si no existiera el acoso. Porque no debería existir. Porque tenemos que frenar el acoso contra las mujeres.