Han pasado 100 días ya, más los 150 días que negociaron en cortesía política con el presidente Peña Nieto, en que este gobierno ha logrado dibujarse en la persona de un candidato-presidente, que le encanta la concentración del poder, el culto a la personalidad, la rijosidad que polariza las pasiones y la confusión como forma de hacer política, pretendiendo la gobernabilidad democrática para los pobres, al grito de me canso ganso.

El particular estilo personal de gobernar podría equilibrarse con el respeto al Estado de derecho, a las personas e instituciones; pero no, busca controlar o subordinar todo y a todos, como lo ejemplifica en las mañaneras con sus confrontaciones, denostaciones y su laboratorio particular de adoctrinamiento de sus fieles. Desde esa atalaya ejerce un gobierno de discursos. Ahí divide con odio jarocho, juzga y castiga a sus adversarios, arremete contra sus críticos, premia sus querencias y en un activo populismo entrona al holograma social que llama pueblo bueno, justo, sabio y trabajador. Afirma sin prueba alguna, miente en sus datos de positividad y remata con sus clásicas expresiones de que todo va bien, ya cambiaron las cosas, ahora todo es nuevo y mejor. En su pregonar contra la corrupción e impunidad, adjetiva a todos, menos a él, de corruptos, ladrones y deshonestos. Sólo se purificarán si aceptan culpas y se arrepienten.

La verdad es que el presidente y sus colaboradores no han sabido aprovechar esta larga curva de aprendizaje que va desde hace 18 años, 30 ha dicho en alguna mañanera, y los costos están a la vuelta de la esquina.

El discurso del odio que confunde con el discurso de la corrupción, es la expresión de un populismo doctrinario que ha tergiversado el pensamiento de Marx, Lenin, Gramsci y Juárez. Todas las críticas y adjetivaciones que ha endilgado a personajes y organizaciones de la sociedad, se le podrían revertir como un boomerang.

Por ello no hay cifras alegres en esta celebración que se ha hecho para mostrar que vamos bien y que lo puede probar. Las pérdidas por el NAIM serán menores con el tiempo, las pipas no requieren licitación igual que lo de Santa Lucía, sus propuestas no necesitan cubrir los requisitos de ley y si no, se cambia la norma.

Con la austeridad republicana no importa que se pierda el personal capacitado y sea sustituido por inútiles, importa que sepan besar el anillo, y también junto con las instituciones que se pueden ir al diablo, se van los apoyos a más mujeres, a los niños, a los enfermos de cancer y de sida, acaso su voto ya no es útil?

En la economía chicharronera no importa pagar los caprichos, los costos de cancelar el aeropuerto siguen al alza y las calificadoras lo saben, se apoyan en Pemex y nos destrozarán, son omisas les dice, no miran la corrupción de antes y la de ahora. El huachicol nos permitió observar cómo el pueblo bueno devino en delincuencia organizada, pero no es su culpa, como tampoco lo es los 135 muertos, ni los 94 asesinatos por día, ni una gobernadora y un senador, ni los 5 periodistas fallecidos, no nada de eso, sólo los muertos del pasado son para los presidentes pasados ¿Los niños de la guardería de Calderón, los 43 de Iguala para Peña y los de ahora? ¿Los 135 de Tlahuelilpan? Esperemos que no se vaya a cargar a la cuenta de una Guardia Nacional los errores teóricos, que serían catastróficos en la práctica.

En política exterior vamos hacia un derrotero que se mide por los extremos de Venezuela o Trump, pronto les pasarán la factura.

Como si fuera un buen teflón que nada se le pega, hay que borrar lo malo, usar los aliados en redes, distorsionar o perseguir a los periodistas y críticos indisciplinados, mentir ante los señalamientos como si fueran errores de dedo, de otros, lo mismo sea por faltas presupuestales, pagos indebidos o posibles compras de candidaturas y decir que no es así, que no saben, que con mis datos les demostraré la verdad, que nunca llega porque alguien tendrá que hacer esa tarea.

No deseamos que la realidad termine por imponerse y agarre al Gobierno como el tigre de Santa Julia, estaríamos tirando a la basura 30 millones de votantes. Y lo más grave, será un golpe mortal a la credibilidad social.