Hoy, más que nunca, como demócratas y como latinoamericanos, todos nosotros estamos convocados a apoyar al hermano pueblo de Venezuela en su camino hacia la libertad; la libertad que les fue arrebatada por la dictadura socialista de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro.

Ayer, 23 de enero, miles y miles de venezolanos salieron a las calles, una vez más, para manifestar su indubitable rechazo y reprobación a un régimen que mucho daño le ha causado a su país; a un país que tenía niveles de vida muy similares a México, a Brasil, a Colombia; a un país con problemas, sí, pero también con firmes bases jurídicas e institucionales para enfrentar esos problemas.

¿Qué le pasó a nuestra querida Venezuela? ¿Por qué llegó al nivel de postración que padece actualmente?

Por desgracia, en 1998, muchos venezolanos creyeron en las locuras y los desvaríos de Hugo Chávez, un militar mesiánico y populista que se sentía depositario de una “vocación supra-terrenal”, de un “espíritu libertador”, de un “destino trascendente”. Este megalómano uniformado aprovechó el desgaste que las fuerzas políticas tradicionales de Venezuela sufrieron a finales del siglo XX, y terminó por engatusar a mucha gente con promesas exageradas e incumplibles, pero agradables al oído de los incautos.

Chávez logró ganarse fácilmente la voluntad de amplios sectores del pueblo venezolano, repartiendo dinero público a diestra y siniestra a través de programas asistencialistas y clientelares.

Y, por supuesto, el populacho venezolano jamás cuestionó el origen ni la viabilidad de tantas dádivas gubernamentales: simplemente se limitaron a recibir todo cuanto el régimen chavista-madurista les daba, aceptando la cantaleta demagógica de que “la revolución bolivariana” y el “socialismo del siglo XXI” habían llegado para “hacer justicia a los pobres”.

Chávez tuvo a su favor las pingües ganancias que le generó la producción petrolera de Venezuela, justo cuando el “oro negro” alcanzaba altos precios en el mercado internacional. Pero la burbuja de jabón se rompió a partir del 2007, y los venezolanos descubrieron que el régimen chavista se había convertido en una dictadura política que, por si fuera poco, también resultaba una costosa e ineficiente maquinaria económica.

Hoy, Venezuela vive un drama nacional: pobreza creciente, escasez hasta de artículos de primera necesidad, hiperinflación, inseguridad, desnutrición, desabasto de alimentos y medicinas, deterioro de la infraestructura para el desarrollo y de la planta productiva, represión policial, drástica limitación de las libertades civiles y políticas, etc.

Ayer, 23 de enero de 2019, el pueblo de Venezuela volvió a hacer historia, volvió ondear la bandera de la esperanza democrática.

¡Viva Venezuela libre, abajo la dictadura socialista de Maduro!

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