Lo suyo, lo suyo, es la venganza.

Y no estamos hablando de un rufián de callejón y menos de un fajador callejero.

No, nos referimos al presidente Andrés Manuel López Obrador, quien a lo largo de su historia política ha dejado una cauda de venganza y odio contra todo aquel que se atreve a confrontarlo, contradecirlo o criticarlo.

Hoy, ya como presidente, Obrador lanzó todo el peso del Estado y todo el odio de su gobierno contra Guillermo García Alcocer, presidente de la Comisión Reguladora de Energía (CRE) quien cometió el pecado capital de criticar las ternas presidenciales para ocupar las vacantes en dicha comisión.

Como saben, Obrador envió al Senado ternas que resultaron severamente criticadas ya que, al ser evaluados por la Comisión de Energía del Senado, quedó exhibido que el único mérito de cada uno de los propuestos era su amiguismo y lealtad con el presidente. Todos neófitos de la materia.

El escándalo se potenció en redes –se hizo tendencia–, y mostró no sólo a un presidente tramposo y mentiroso sino que desprecia la ley y a los órganos autónomos –como la CRE–, precisamente porque no puede someterlos a sus caprichos.

Por eso, el presidente se fue contra García Alcocer y –sin tener una sola prueba–, lo acusó de presunto “conflicto de interés”, en una de sus mañaneras.

No conforme, Obrador dijo que presentaría las pruebas –lo cual no aportó–, pero en cambio ordenó a la secretaría de La Función Publica investigar el caso bajo el argumento chabacano de que un primo de la esposa de Guillermo García Alcocer tiene vínculos con el sector energético.

Pero aquí también mintió el presidente. ¿Por qué?

Porque el Código Civil que reglamenta “el parentesco” –la ley sólo reconoce parentesco consanguíneo, por afinidad y civil–, no establece “al primo de la esposa”.

Por eso preguntamos; ¿De qué hablamos frente a la persecución de Estado contra el presidente de la CRE? ¿Por qué no aparecen el Congreso y la Corte en una persecución que a todas luces es ilegal y vengativa?

Está claro que se trata de una venganza contra un servidor público que no se plegó a las ocurrencias del presidente-dictador y que se atrevió a denunciar de manera pública los engaños e ilegalidades.

En otras palabras, resulta que el vengativo presidente se lanzó contra un servidor público que no está bajo su jerarquía ya que preside un órgano autónomo, como la CRE. Y, por eso, como no lo puede despedir, ordena una persecución de Estado.

¿Alguien se sorprende?

Lo cierto es que el de hoy es el mismo López Obrador de siempre. En los primeros años de su gestión como jefe de gobierno del DF, AMLO inició una ilegal persecución contra la titular del entonces IFAI, María Elena Pérez-Jaén, quien señaló presuntas irregularidades en el gobierno de la capital.

Obrador ordenó a los legisladores del PRD en la Asamblea Legislativa cambiar la ley para despedir a Pérez-Jaén. No paró hasta despedirla. Sin embargo, la ex comisionada del órgano autónomo acudió a la Corte y logró su reinstalación. Obrador fue derrotado.

En realidad la venganza es una de las prácticas políticas a las que más recurre Obrador. Hace semanas se concretó la renuncia de la presidenta del Tribunal Electoral Federal, por presiones de AMLO. Por venganza canceló recursos a las ONGs que cuestionan sus ocurrencias.

También por Venganza, el presidente lanzó a la CNTE contra el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles; por venganza monta abucheos a gobernadores del PRI, PAN, PRD y MC, durante sus visitas a esas entidades.

Por venganza persiguió a Rosario Robles, a Los Chuchos del PRD y por venganza persigue a empresarios que critican sus ocurrencias en el gobierno.

Y también por venganza persigue a periodistas.

Y es que luego de que los lacayos de Obrador lanzaron un linchamiento digital contra el autor de éste espacio –por una supuesta amenaza de muerte a Obrador–, en pláticas con distintos editores y dueños de medios –en concreto cuatro dueños de periódicos–, pudimos confirmar que por órdenes de Obrador tienen “prohibido contratar a Ricardo Alemán”.

En los cuatro casos la consigna fue la mismas. “¡No se te ocurra contratar la columna de Ricardo Alemán, porque te metes en problemas con el presidente!”, les dijeron.

Y, en efecto, las puertas de todos los medios impresos se cerraron para Ricardo Alemán.

En pocas palabras, hoy en México se vive la venganza de Estado; la venganza de un presidente-dictador contra quienes lo cuestionan o enfrentan.

¡Se los dije!