López Obrador denigra en grado extremo a la investidura presidencial y a la política mexicana, de por sí bastante abolladas.

Ya estamos acostumbrados a que AMLO use las “mañaneras” como púlpito, como espacio para sermonear al auditorio físico y cibernáutico. Con el pretexto de “informar” al pueblo, casi todos los días dedica una buena parte de sus aburridas y patéticas intervenciones a repetir ad nauseam las cantaletas ideológicas, los dichos populares y las frases hechas que lo han acompañado durante toda su carrera política.

Queda claro que su cometido es mantener su imagen, todos los días, en el espacio mediático, aunque sólo sea para hacer el ridículo. Dirían los publicistas que hasta un mal producto puede ser vendido si se mantiene el tiempo suficiente en la recordación de los consumidores.

Es lo mismo que han hecho los grandes dictadores de la humanidad: lograr que la gente vea a diario su jeta y oiga a diario sus sermones. A fuerza de permanencia y de repetición, los tiranos mantienen cierto grado de hegemonía en el imaginario colectivo: “Mírame a fuerzas, escúchame a fuerzas, para que de algún modo sientas mi influencia sobre ti”.

¿Quién no recuerda la basura comunicativa del ¡Aló, Presidente! del dictador socialista Hugo Chávez? ¿Quién no recuerda los noticiarios del régimen chavista?

Y en este afán de permanecer como imagen, de estar en los medios, los tiranos son capaces de incurrir en cuanta ridiculez sea necesaria.

Allí está el más reciente caso del aprendiz de dictador López Obrador, cuando, en la mañanera del pasado jueves 04 de abril, una periodista le pidió su postura con respecto a los dichos de Barack Obama sobre el proyecto de muro fronterizo de Donald Trump.

¿La respuesta de López Obrador? Primero, salir con su estupidez de “Lo que diga mi dedito”, mientras movía el brazo (que no el dedito) en sentido negativo, para, después… ¡hablar sobre béisbol!

Vamos a batear, aunque sea teóricamente, me gustaría batear en una práctica de béisbol, pero no he podido, antier fui un ratito al campo de la universidad, no fui a Tranviarios, es que hay liga y hay mucha gente.

Entonces, no puedo practicar como debe ser, porque tengo que ser respetuoso con la gente, me saludan y ya no puedo.

Entonces me fui al campo de béisbol de la universidad, allá por Insurgentes y sí estuve bateando bien, bien. Veía yo en la pelota algunas cositas que no me gustaban y macaneaba yo fuerte, le daba yo en el mero centro. Y así saca uno también, se relaja, es como suspirar profundo, pero bueno, bateo, bateo.

A López Obrador no le bastó con evadir un tema trascendente para la política exterior mexicana… ¡encima nos aventó un bote de basura informativa!

¿De veras por esto votaron 30 millones de mexicanos? ¿En serio? ¡Qué enorme error de tantos mexicanos!

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