Hoy edición especial con dos buenas.

 

LA BUENA

 

La Favorita – Dir: Yorgos Lanthimos

 

Con el mismo número de nominaciones al Oscar que la ROMA de Cuarón, la nueva cinta de Yorgos Lanthimos es su cinta más asible pero sin abandonar sus muy particulares obsesiones, a saber: señalar el absurdo humano, el gusto por el humor negro y los escenarios que rozan con lo surreal.

Ubicada en la Inglaterra de inicios del s. XVIII, la película nos muestra el teje y maneje político y sexual que sucedía en la corte de la Reina Ana Estuardo (interpretada magistralmente por Olivia Colman, quien merece absolutamente ése Oscar a Mejor Actriz) quién estaba más preocupada por sus múltiples achaques, que por gobernar. Ése vacío de poder lo llenaba rápidamente Lady Sarah (imponente Rachel Weisz) quien en los hechos era la que gobernaba en Inglaterra, al ser la consejera más cercana de la reina y algo más.

En pleno debate sobre si seguir en guerra con Francia, cargando los gastos al pueblo mediante un incremento de impuestos, llega al reino Abigail (divertidísima Emma Stone) a pedir trabajo. Se la dan de criada, pero poco a poco, gracias a sus habilidades de manipulación, se cuela literalmente hasta la cama de la Reina, lo cual provoca un conflicto de poder entre las tres mujeres.

La película es una mezcla afortunada entre Kubrick (Barry Lyndon), las historias de clase alta y arribismo de Woody Allen, así como con un sentido del humor desatado que pasa por el cine de Howard Hawks y coquetea con el descaro de los Monty Phyton.

El resultado es extrañamente hilarante y a la vez perturbador. Con ojo mordaz, Lanthimos nos muestra los juegos de poder que ocurren en las más altas esferas: amores secretos, violaciones, seducción, carreras de patos (¿o eran gansos?), fiestas, banquetes, mientras tanto el pueblo raso pelea una guerra contra Francia carente de todo sentido.

Al fin y al cabo película rabiosamente feminista que muestra que no es una cuestión de géneros, el poder siempre corrompe por igual.


 

LA OTRA BUENA

VICE – Dir: Adam McKay

El 11 de septiembre de 2001, cuando el segundo avión se estrellaba en la torre sur del WTC de Nueva York, el mando de la nación más poderosa del planeta no lo tenía su presidente, George W. Bush, sino el callado, casi anónimo, pero todopoderoso vicepresidente Donald Rumsfeld.

Siguiendo el mismo estilo de su filme previo, The Big Short (2015), pero con un estilo mucho más depurado y menos entregado al humor a toda costa, McKay entrega una intensa radiografía del poder en una de las etapas más absurdas del gobierno de los Estados Unidos, aquella donde el joven George Bush, la oveja descarriada de la familia, pero candidato y futuro presidente de los Estados Unidos, le pide al empresario Dick Cheney (un Christian Bale con lujo de sobrepeso) que se una a su campaña como vicepresidente.

Cheney vio en esto una oportunidad para hacer negocios desde el gobierno y acepta la propuesta, lo que tal vez no calculaba es que con ese nivel tan pobre de presidente, lo que usualmente es casi un puesto decorativo se convirtió, por momentos, en el hombre más poderoso de todo el mundo libre.

Con ritmo ágil, McKay no sólo se limita a la crónica de una historia infame donde el poder se erige como vicio ineludible, sino que hace ecos al presente sentenciando no sólo a los políticos, sino a aquellos que los pusieron en la Casa Blanca. La culpa, dice un juicioso McKay, al final es nuestra.


 

LA FEA

Un Filósofo en la Arena – Dir: Aarón Fernández Lesur, Jesus Manuel Munoz

Francis Wolff es un reconocido filósofo Francés, reconocido mundialmente, aplaudido por sus esfuerzos de llevar la filosofía a más público y que además es aficionado de la llamada Fiesta Brava. Este gusto, que el mismo filósofo reconoce que hoy día es reprobable, es el motivo de esta interesante cinta documental que busca exhibir el pensamiento filosófico de un aficionado a la tauromaquia frente a la ola reciente, imposible de frenar, que busca prohibir en todo el mundo las corridas de toros.

Wolff mismo reconoce que es un arte en extinción, aunque hay dos formas de extinción: natural y violenta, y en el caso del toro está sucediendo la segunda. ¿Espectáculo cruel, arte, deporte? Para Wolff la tauromaquia es un asunto inclasificable, lo cual lo hace aún más hermoso. Y si bien el documental jamás se plantea ser un panfleto a favor de la muerte de los toros como espectáculo (sus directores, mexicanos, explican a cuadro que ellos no son fanáticos ni mucho menos de las corridas de toros), lo cierto es que las disertaciones de Wolff provocan un sano debate sobre el arte, la corrección política y la asepsia de una sociedad que rehuye del riesgo como si fuera una enfermedad.

Lo feo del asunto es que en estos temas el debate y la exposición de ideas pareciera estar prohibido. La virulencia de los antitaurinos pareciera no abrir espacio al debate de ideas, para ellos (y muy probablemente tengan razón) el tema no merece debate alguno: matar un animal con fines de espectáculo es simple y sencillamente reprobable. Puede ser, pero ello no implica que tengamos que anular y no escuchar a la otra parte. Éste fantástico documental es justo una oportunidad para ello.