El pasado miércoles, Andrés Manuel López Obrador aseguró que, “oficialmente”, se acabó la “guerra contra el narco”.

Durante su conferencia de mañanera, el presidente explicó que la estrategia de su gobierno no consiste en detener a grandes capos del crimen organizado, sino en atender las causas de la violencia a través de programas sociales.

Se conoce como “guerra contra el narco” a la estrategia de seguridad implementada desde 2006 por el entonces presidente Felipe Calderón, y continuada sin variaciones importantes por Enrique Peña Nieto.

Dicha estrategia consistió, a grandes rasgos, en utilizar a las fuerzas armadas para combatir a los grupos del crimen organizado con presencia en distintas regiones del país.

Ergo, debemos entender que al declarar el fin de la “guerra”, López Obrador dejará de lado la política de Estado en materia de seguridad emprendida por sus antecesores, misma que, sin lugar a dudas, fracasó.

Hoy el crimen organizado sigue siendo tan poderoso como hace 12 años, y la violencia generada por la “guerra contra el narco” dejó como saldo 120 mil 935 muertos en el sexenio de Calderón, además de 134 mil en el de Enrique Peña Nieto.

La gran interrogante es si dentro de seis años podremos observar una disminución significativa respecto a esas dos variables: la violencia y el poderío del crimen organizado.

El mismo miércoles, al tiempo que anunciaba el “fin de la guerra”, López Obrador presumía que la nueva estrategia “ya está dando resultados”.

El presidente aseguró que “en los últimos meses” el promedio de homicidios diarios era de 80, y que el martes se habían registrado sólo 54.

Sin embargo, los datos oficiales –los del propio gobierno– reflejan una situación completamente distinta.

De acuerdo con el más reciente reporte del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, durante diciembre –el primer mes del gobierno obradorista– se registaron 2 mil 842 homicidios dolosos, un promedio de 91,6 por día. Lo anterior representa un alza de 155 homicidios respecto al último mes del gobierno de Enrique Peña Nieto.

Entonces, ¿por qué continúa la violencia si ya se terminó la “guerra contra el narco”? ¿Por qué hay más muertos si ya no se usa a las fuerzas armadas contra el crimen organizado?

La moraleja es que las fuerzas armadas no son ni las únicas ni las principales generadoras de la violencia en México.

Suponiendo que, como asegura el presidente, se acabó la “guerra contra el narco”, ello no significa que se acabó la guerra entre narcos; es decir, la disputa entre grupos criminales por territorios.

De la experiencia de los últimos 12 años hay que reconocer que la presencia de las fuerzas armadas en las calles desató una ola sin precedentes de denuncias por violaciones a derechos humanos. Lo anterior, debido a que militares y marinos no tienen una formación o capacitación para actuar como policías civiles.

Entonces, ¿por qué la necedad del presidente de proponer la creación de una guardia nacional integrada por militares y marinos como punta de lanza de su estrategia de seguridad? ¿No que ya se acabó la guerra?