Quién es más corrupto, deshonesto o impío ¿El que roba un peso o el que pervierte y prostituye una institución?
¿Quién afecta más a la nación, a la sociedad? ¿A sí mismo, su familia, amistades, compañeros de trabajo, a quienes le conocen, a quienes le han brindado su confianza e incluso su voto? ¿De qué tamaño y cómo se pondera la afectación? ¿Hay posibilidad de resarcir el daño? ¿Cómo recuperar el respeto o la confianza perdida?

Estas cuestiones surgen a partir de la relectura, de uno de esos grandes discursos que le escuchara y leyera a don Jesús Reyes Heroles. Fue la respuesta a un informe de un gobernador de Puebla.

¿Devolver lo robado te devuelve la honestidad? Así se puede resarcir el daño económico a personas o instituciones pero ¿El sujeto queda liberado? De algún delito establecido sí, no así del acto social, moral y de falta de respeto a sí mismo y a los demás.

Pero, quien corrompe, pervierte o prostituye una institución ¿Cómo puede reparar el daño? ¿Cómo le devuelve la confianza y el respeto institucional? ¿Pidiendo una disculpa pública? ¿Diciendo que nunca más volverá a ocurrir?

Acciones cómo estas podrían tipificarse en múltiples situaciones: en lo general, decir una cosa, hacer otra y pensar otra más. Negar el nepotismo, el influyentismo y el amiguismo y proponer ternas a la fiscalía independiente o a la SCJN de puros amigos y amigas. Pretender informar todos los días y solo deformar la realidad y a sus opositores. Señalar como mentirosos a ciertos medios de comunicación y luego observar que lo dicho por ellos era cierto; decir que pretenden robarle al pueblo y no demostrarlo; hablar de los héroes nacionales –Juárez por ejemplo- y tergiversar su ideario de respeto a la ley, laicismo y austeridad republicana; usar el combate a la delincuencia para tapar errores y generar mayores problemas y costos económicos como ocurre con el huachicol; no respetar a los otros poderes o a sus electores haciendo lo contrario de lo prometido en campaña; decir que se resolverá un problema en cierto tiempo, que se castigará a delincuentes en otro momento y que se defenderá la nación, en sus intereses, soberanía, independencia, principios, desarrollo y seguridad y, provocar lo contrario. Son simples ejemplos que debemos cuidar en la forma y el contenido.

Mientras más alta es la responsabilidad pública en el organigrama, las acciones en contra de las instituciones son de mayor impacto y daño; no puede apelarse a la ignorancia, inexperiencia o incompetencia alguna. En el daño institucional se afecta a la sociedad, a la institución y a todos aquellos que están relacionados; la pérdida de confianza sería un daño irreparable, costoso y moral.

La ley establece el impacto y el cargo por omisión o comisión en el hecho, la atribución o la responsabilidad; por lo que se hace mal o por lo que se ha dejado de hacer, bien o mal. Y ello atañe a todo servidor público, del cargo más modesto hasta al Presidente de la República, al de más alto salario y al del salario simbólico, incluidos los becarios, aprendices, recién integrados al gobierno y los de tercera edad.

Entonces, para usted quien daña más ¿El que roba o el que corrompe una institución?