Después de años de meditación y reflexión, Buda llegó a la conclusión de que el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional. No podemos evitar el daño; pero sí podemos elegir cómo nos afecta, por cuanto tiempo, qué podemos aprender de ello y cómo vamos a vivir con esa experiencia. Desde luego, liberarse del sufrimiento no es algo fácil, pero es posible.

En todo duelo, tarde o temprano llega el momento en que decidimos poner un punto final a ese sufrimiento y vivir el dolor o la circunstancia, pero sin padecerlas. Decidimos responsabilizarnos de nuestra situación; en vez de jugar a ser víctimas, llenas de resentimiento, que manipulan con su dolor a quienes lo rodean. La manipulación puede ser cómoda pero jamás es positiva.

No se trata de olvidar el suceso. Es imposible. Se trata de soltar el resentimiento y el odio que nos siguen lastimado; que con el tiempo se vuelve una mochila cada vez más pesada que nos impide avanzar. Cuando finalmente entendemos que es imposible cambiar el pasado, pero que podemos aceptarlo y aprender a vivir con él, estamos listos para perdonar.

El perdón es un regalo que te das a ti mismo, al soltar el resentimiento que te paralizaba. Es independiente de la persona que te ofendió. En muchos casos no sabemos ni dónde está ni quién es, y aun así podemos perdonar a quien nos hizo tanto daño. Por ello no es necesario exigirlo o que la otra persona lo pida. Podemos perdonar, sin importar el arrepentimiento del agresor.

México no puede esperar que España (o cualquier otro país que nos haya agraviado) nos pida disculpas. Es nuestra tarea tomar responsabilidad de la situación y dejar el sufrimiento.

De la misma forma en que como personas un día decidimos “soltar la mochila” que nos impide avanzar, como país podemos hacer lo mismo. Es un hecho que la conquista fue brutal, pero también lo es que sucedió hace 500 años. La realidad del siglo XXI es muy diferente a la del XVI. Es profundamente injusto (y absurdo) juzgar el pasado con una visión moderna. El resentimiento por los hechos del futuro no construirá un mejor futuro.

Hoy, México es un país diverso, multicultural, producto de nuestra historia y parte de ella es la conquista. No podemos regresar al pasado recuperar lo que fuimos. No volveremos a levantar pirámides, porque hoy corresponde construir rascacielos. Lo que sí podemos (y debemos) hacer es sentirnos orgullos de nuestra historia, nuestra cultura formidable y también de que podamos expresar ese orgullo en la lengua de Cervantes, que también es nuestra.

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