Parece no tener fin el gusto presidencial por las mentiras, la simulación, el engaño y el circo.

Y es que apenas en días pasados López Obrador volvió al recurso de engañar y faltar a la verdad; de creer que los ciudadanos somos tontos y, de plano, de suponer que por ser presidente, siempre tiene la razón.

Pero acaso lo más grave es que en la medidas que se incrementan el engaño y las mentiras, decrece la crítica a esa carencia ética del poder presidencial mexicano.

Es decir, que ante el incremento de las mentiras presidenciales –de las mentiras flagrante–, se reduce la crítica de sectores clave para mantener viva la democracia.

¿Qué sectores?

Los intelectuales, los líderes de opinión, empresarios… Y es que todos ellos parecen sometidos o asustados ante un presiente que día a día avanza en la construcción de una dictadura.

Sin embargo, lo preocupante del tema es que cada día son más los indicios de que el gobierno de Obrador apuesta a convertir en natural –parte de la normalidad democrática–, la mentira, el engaño, la violación a la Constitución y el ataque directo a los críticos y los contrapesos.

Dicho de otro modo, resulta que a golpe de cinismo, el gobierno de AMLO apuesta a que los ciudadanos vean como normal que el presidente incurra en mentiras, que difame a los medios y engañe a los mandantes, que somos todos los ciudadanos.

Y si dudan, van tres ejemplos contundentes.

El primer ejemplo es la sublimación de la estupidez. En la mañanera del pasado martes, el presidente anunció, con toda ceremonia y circunstancia, la creación del Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado.

No, no es una broma.

Lo simpático del tema es que esa institución que dizque creará el gobierno de AMLO ya existe y se llama Sistema de Administración y Enajenación de Bienes (SAE).

Pero además, de acuerdo con especialistas, la Ley de Extinción de Dominio que aprobó el partido Morena, prácticamente no deja margen para administrar y vender bienes, porque la mayoría son recuperados por los criminales.

Queda claro que asistimos a un engaño colectivo; a la invención de instituciones ya existentes y a las que el nuevo gobierno solo cambia el nombre para hacer creer a los bobos seguidores de Morena y del gobierno de AMLO que está creando algo distinto.

El segundo ejemplo es la burla en que se ha convertido el combate a las adicciones. Resulta que el gobierno de Obrador dice estar preocupado por los consumidores de drogas.

Sin embargo, el gobierno de AMLO incurre en una fea mentira ya que canceló la mayoría de los recursos destinados al Consejo Nacional Contra las Adicciones (Conadic).

A cambio dice que atenderá a los adictos “con pláticas”.

Sin embargo, cuando los periodistas le preguntaron de dónde saldrá el dinero para esas platicas, el mismísimo presidente no supo responder. Queda claro que se trata de otro engaño.

Y, el tercero de los ejemplos es la tomada de pelo anunciada por el propio Obrador, quien dijo que su gobierno creará una institución de la conducta para atender a los corruptos.

Y es que según AMLO, la corrupción se acabará si los corruptos son atendidos como enfermos mentales. De ese tamaño es el gobierno de caricatura de López Obrador; sus mentiras y el circo.

Se los dije.