En geopolítica nada es casualidad ni mucho menos fortuito, por el contrario, la geopolítica es un hábil juego de ajedrez en el que los actores asumen posiciones ofensivas y en otros casos de contragolpe o bien de defensa. Así debe ser el comportamiento de los Estados nacionales para preservar su única razón: Existir. 

Luego entonces, para México desde la consumación de su independencia, fue determinante, el modelo por el cual se debería de regir el destino de toda una nación y cuál debería de ser el proyecto y objetivos nacionales, como también la definición de su ideología y doctrina que diera certidumbre a su destino como Estado.  En tal construcción de lo que hoy es México, los EEUU han sido un actor determinante para concretar nuestro modelo de Estado, primero como República, segundo por el modelo político y tercero por la orientación económica, con los cuales participamos en el escenario internacional.

El siglo XX lo podemos identificar como un periodo histórico ideologizado por la lucha de la imposición de diversos modelos, cuyo sustento estaba en la praxis político-doctrinal, situación que ha cambiado para que el presente siglo sea de un modelo ideológico delimitado por garantizar el pleno respeto a las Libertades Humanas (libertad de pensamiento, libertad democrática, libertad económica, entre otros), las Relaciones Internacionales han evolucionado de una manera vertiginosa a razón de garantizar que los errores de siglos pasados, (pero sobre todo del qué concluyó hace 19 años), no se presenten o cuando menos, se tenga la capacidad de darle a las diversas naciones del mundo, la oportunidad de que a través del respeto pleno a este tipo de garantías, puedan ofrecer a sus sociedades, mejores estándares de vida y desarrollo.

El entramado que hoy tiene la Política Exterior de México, desde una perspectiva geopolítica, es la añoranza de un pasado apegado al reduccionismo idealista de un apego irrestricto a los principios históricos con los cuales fue construida la Política Exterior previo a la Segunda Guerra Mundial y todo el periodo de la Guerra Fría y por el otro lado, establecer pragmáticamente la posición con la que nuestra nación habrá de jugar de hoy en adelante en el entorno internacional.   Tal situación es preocupante, a causa de que el mundo está enfrentando una andanada de dificultades a razón de inestabilidades económicas-financieras, gobiernos populistas, cuestionamiento del quehacer democrático, reivindicaciones sociales, etc., sin dejar de lado, que siguen existiendo amenazas tradicionales en el escenario global, como el control de las armas nucleares, terrorismo, o el crimen organizado.  

De ahí, la preocupación que existe referente a la orientación política que tiene la presente Administración Federal, acerca del derrotero que habrá de seguir México como un actor de peso en el concierto internacional y más a causa de que el Ejecutivo Federal, primero como candidato y luego como Presidente constitucional, ha establecido su apego irrestricto a los principios historicistas, situación que se vio trastocada en días pasados cuando en su acostumbrada conferencia matutina dio a conocer su reunión, con Jared Kushner asesor y yerno del Presidente Donald Trump.  Lo irónico del encuentro, es en sí mismo, el acercamiento con este personaje, a quién el hoy presidente de México y diversos de sus colaboradores, habían descalificado por ser el medio para que el entonces Presidente Enrique Peña Nieto, se reuniera con el Presidente estadounidense, en un momento de alta tensión en la relación bilateral por las acusaciones de éste en contra de México y su anuncio de la construcción de un Muro como medio de darle seguridad a la frontera en común.

Lo que aconteció el martes de la semana pasada no fue otra situación, más que el triunfo del pragmatismo sobre el idealismo historicista con el cual se pretende definir la agenda de la Política Exterior de México, geopolíticamente, fue una exigencia que a través de un hombre de la plena confianza del Presidente Trump, para palpar, sentir y analizar el pensamiento del Presidente de México sobre la situación que prevalece en México, más allá de los temas del T-Mec, migración o la colaboración para darle certidumbre a la migración desordenada proveniente de Centroamérica. La pregunta clave sería: ¿Sigue siendo México para EEUU un aliado estratégico, en momentos de la definición de los liderazgos globales?.  Desde una perspectiva geoestratégica, el posicionamiento de México pareciera no muy claro con respecto a los graves problemas que atraviesan determinadas naciones latinoamericanas, como también, el posicionamiento frente a la difícil situación que tiene la Unión Europea frente al Brexit que entre abril y mayo se habrá de dar pasos importantes para su ejecución o bien, que simboliza para la República Popular de China, el nuevo gobierno de México.

El actual gobierno de México, debe de considerar con mucho cuidado, que la relación bilateral con los EEUU es fundamental para nuestro propio desarrollo nacional y que si bien debe de haber un eje rector-doctrinal que norme nuestro actuar internacional, el pragmatismo geopolítico frente a esta nación es un asunto de Seguridad Nacional que nos dé certidumbre frente a un entorno internacional convulso y complicado.