Dentro de la relación conflictiva que el presidente Andrés Manuel López Obrador mantiene con los medios de comunicación, llama especialmente la atención el caso del periódico Reforma.

El diario propiedad de Alejandro Junco de la Vega ha exhibido en sus páginas algunos de los mayores escándalos de la “cuarta transformación”, como el otorgamiento de contratos sin licitación, el ocultamiento patrimonial de algunos sectarios de Estado, la participación en el nuevo gobierno de funcionarios con antecedentes de corrupción, y un largo etcétera. Por ende, también ha sido blanco de ataques por parte del presidente.

En el más reciente desencuentro entre AMLO y Reforma, el mandatario pidió al medio revelar la fuente que le filtró la polémica carta enviada al gobierno español para exigir una disculpa por la conquista.

Antes, la casa editorial denunció un intento de intimidación por parte del gobierno obradorista a través del Sistema de Administración Tributaria. A principios de marzo, Junco de la Vega fue citado a las oficinas del SAT en Nuevo León para declarar sobre una supuesta irregularidad por 12 mil pesos en el ejercicio fiscal de 2015. Lo anterior ocurrió –curiosamente– luego de que Reforma hizo una serie de publicaciones desfavorables al gobierno.

Cuestionado sobre su relación con el citado medio, López Obrador explicó en aquel momento: “Mi diferencia con el Reforma es fundamentalmente por su postura conservadora. Es un periódico que surge en el gobierno de Salinas, que ha procurado no cuestionar a Salinas,que no cuestionó el saqueo del periodo neoliberal, que simuló de que combatía la corrupción señalando, acusando a funcionarios menores, a chivos expiatorios, que ayudó en el fraude electoral. Esas son nuestras diferencias con el Reforma”, dijo.

¿Será?

A López Obrador no parece importarle el pasado salinista cuando se trata de uno de sus principales aliados: TV Azteca.

Cabe recordar que la televisora pasó a manos de Ricardo Salinas Pliego en 1993 gracias a la privatización salinista del Instituto Mexicano de la Televisión (Imevisión).

De acuerdo con versiones periodísticas, Salinas Pliego logró adquirir a la televisora del Estado gracias a un préstamo realizado por Raúl Salinas de Gortari, hermano del entonces presidente y “jefe de la mafia del poder”, Carlos Salinas de Gortari.

Años después, en 2012, AMLO acusó tanto a TV Azteca como a Televisa de fabricar un “producto chatarra” (Enrique Peña Nieto) y de pretender engañar al pueblo a través de publicidad.

¿Por qué 26 años después de la privatización salinista de Imevisión y seis años después del apoyo otorgado a Peña Nieto, TV Azteca y Televisa ya no son medios “fifís” ni “conservadores”? ¿Por qué Reforma sí merece esos calificativos por parte del presidente?

Sencillo: el Grupo Salinas de Ricardo Salinas Pliego apoyó la más reciente candidatura de López Obrador. Su televisora dio una cobertura favorable a la campaña del tabasqueño, y su institución financiera —Banco Azteca— obtuvo participación en el reparto de los programas sociales del gobierno. A su vez, Televisa suavizó su línea editorial respecto a AMLO y obtuvo un lugar dentro de su Consejo Asesor Empresarial.

En cambio, Reforma ha mantenido una línea crítica hacia el gobierno obradorista. Por eso, para AMLO es “prensa conservadora”.

Valdría la pena que el tabasqueño recuerde las investigaciones de Reforma sobre el caso Odebrecht, la Estafa Maestra, o el software Pegasus –usado para espiar a periodistas y opositores–, así como otros trabajos periodísticos que exhibieron la corrupción en el gobierno peñista.

En cierta medida fueron esas investigaciones las que sepultaron la credibilidad del régimen peñista e incentivaron el voto de castigo que llevó a AMLO al poder.