El expresidente de México, Vicente Fox Quesada, denunció el sábado 6 de abril, en su cuenta de Twitter, que un comando armado trató de entrar a su casa y que, por ello, hacía responsable directo de la seguridad de él, de su familia y de sus bienes, al presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador.

El mandatario respondió, en otro mensaje de Twitter, que había instruido al general Luis Cresencio Sandoval González, secretario de la Defensa Nacional, crear una guardia de seguridad que protegiera al expresidente Fox y a su familia.

Si el mensaje hubiese parado ahí, hubiera sido medianamente aceptado, pero no. El Ejecutivo no puede quedarse sin pelear. Tenía que escribir palabras ruines. El mensaje continuó diciendo que la protección debía ser con eficacia, pero sin los excesos que mantenían antes del cambio de régimen.

Una vez más, el presidente abogó por rociar veneno.

El que hubieran intentado atacar al expresidente Fox Quesada en su propia casa muestra de cuerpo entero la falta total de protección al ciudadano y deja al descubierto la cobardía del gobierno en turno. Que un expresidente pueda ser alcanzado por los despiadados delincuentes, es alerta roja, pero, como ha pasado en lo que va de este terrorífico sexenio, ni la prensa ni los legisladores tienen el criterio suficiente para alarmarse o para ver más allá de sus narices y arreglar la situación.

El primer mandatario nos aburre todos los días con sus disparates en la televisión, sus paseos por toda la república; nos tenemos que enterar de todo lo que come, lo que bebe y con quién lo hace. No responde a preguntas sin hacerse el payaso; regala dinero a la gente que no lo necesita, pero se lo quita a la que sí. No sabe trabajar, solo pasear y repetir, como disco rayado, las mismas historias.

¿Por qué no puede comportarse como jefe de Estado? ¿Por qué no le dedicó a la ciudadanía un video, con palabras de mandatario, refiriéndose al ataque que recibió el expresidente? ¿Por qué no escribió unas palabras de aliento, de unión, de cordialidad, de reconciliación? ¿Por qué no se preocupó? Su falta de preocupación es inquietante.

Por eso, dejemos de pelear. Dejemos de ayudarle a dividir. Demostremos que somos diferentes a él, que no estamos de acuerdo con su manera de ser ni de actuar. No basta con escribirlo en redes, hay que vivir mejor. No seamos como el presidente López. No sigamos su ejemplo de rencor y odio.

Estamos comenzando el sexenio de la impunidad, de la anarquía, de la ignorancia y del cinismo. Es el sexenio de un hombre que parece que su meta no era ser presidente, sino destruir a México.

Pongamos freno antes de que sea demasiado tarde para todos.