Una vez más, una semana más, la prioridad de diputados y senadores morenistas ahora en el periodo extraordinario del Congreso de la Unión es la aprobación de la reforma educativa.

A nadie debe sorprender que el golpazo que se llevaron la semana pasada, al no aprobar la iniciativa del presidente por la falta de un voto, caló muy hondo en el ego negociador de los líderes parlamentario del nuevo partido oficial.

Y es que, si bien vemos inexperiencia a la hora de llegar a acuerdos por parte del diputado Mario Delgado (a quien, dicen en San Lázaro, también le gana la soberbia), en el Senado una de las cartas fuertes del zacatecano Ricardo Monreal es precisamente esa: la conciliación para que todas las partes involucradas en la discusión y aprobación de una reforma se sientan ganadoras.

Sin embargo, lo visto la noche del miércoles pasado demuestra que algo falló; y es obvio que -acorde a lo declarado en las últimas horas por el senador Monreal– la noche de hoy y la madrugada del jueves, el objetivo de los morenistas es que todo salga de acuerdo a su plan.

Además, se dijo durante todos estos días que ninguna de las vacas sagradas de Morena, en San Lázaro y el Senado, están dispuestas a sufrir otro revés que los deje mal parados ante los ojos de su jefe, quien no debió ser muy suave -en privado- a la hora de pedir cuentas sobre su propuesta de contrarreforma.

Por lo pronto, y así como sucede en el futbol, nadie debe cantar victoria antes de tiempo con esta reforma que ya causó muchos dolores de cabeza.

De la fuerza que pueda alcanzar el diezmado bloque opositor, sobretodo en el Senado, dependerá si veremos o no otra sorpresa con la educativa.

La recomendación por ahora en el legislativo es no apostarle todo al caballo ganador.

*

Tiempos de falsa redención. A propósito de que, en estos momentos, son muchos y muchas los que tienen la necesidad de hacerse pasar por héroes de los desvalidos, vale citar un poema experimental de Lorena Huitrón Vázquez, publicado en su libro Una violencia sencilla:

«La historia del mundo es lo que es por sus fisuras, no por las restauraciones. Es un amasijo de protuberancias, mayor es su crueldad, sus impurezas. Los victimarios no sólo son aquellos que las causan sino quienes buscan resanarlas a toda costa, como si fuera tan sencillo tapar un bache».