Todos los días, en Twitter, se leen mensajes que terminan con la frase: “Pobre México”.

  • Los delincuentes dominan CDMX: pobre México.
  • Veracruz y Tijuana son de los lugares más peligrosos: pobre México.
  • En Cancún incendian negocios que no pagan derecho de piso: pobre México.
  • Mataron al opositor de la termoeléctrica: pobre México.
  • En Tamaulipas las cosas solo empeoran: pobre México.
  • Los legisladores insultan al ciudadano: pobre México.
  • El gobierno exige una disculpa de España: pobre México.
  • El NAIM se cancela a pesar de no haber encontrado corrupción: pobre México.
  • El recurso para los enfermos mentales se retira: pobre México.
  • No se tocará a los cárteles de la droga: pobre México.
  • La Guardia Nacional será comandada por un militar: pobre México.
  • El presidente de la república es un tirano: pobre México.
  • La sociedad está corrompida y dividida: pobre México.
  • Las huelgas están imparables: pobre México.
  • El presidente da hueso a sus cuates: pobre México
  • La economía no crecerá: pobre México.
  • Los empresarios están sacando su dinero del país: pobre México.
  • Hay censura en redes: pobre México.
  • Hay incremento en el maltrato animal: pobre México.
  • Hay incremento en secuestros: pobre México.
  • Cae 46% la generación de empleos: pobre México.

Y así nos podemos seguir con una lista infinita. Si se analizan las cosas un poco mejor, al tratar a nuestra patria como si se tratara de otro territorio, no sentimos los problemas, los endosamos a alguien más: a otra sociedad, a otro estado, a otra bandera.

Cuando usted se entera de lo mal que le va a otra familia, seguramente opina: “Pobre familia, espero se solucione su problema”. O si sabe de alguna mala racha, dice: “Pobre menganita, qué mala onda”. Y hará bien en no meterse, pues los problemas de otras familias son privados y no hay que dar consejo si no nos lo piden, pero cuando hablamos de los asuntos de nuestro territorio, del país que nos da de comer, que nos da alegría, que nos hace pertenecer y que nos identifica ante el mundo, ¿no hay que defendernos?, ¿no hay que indignarnos? ¿No hay que mostrar enojo y arrojo?

Que el partido en el poder esté afectando a tanta gente, nos lastima a todos, directa o indirectamente. Por ejemplo: si no ataca al narco, los extorsionadores irán por los empresarios, quienes dan empleo y bienestar a todas las familias mexicanas; sí, a todas.

Al quitar recursos a los refugios de mujeres violentadas, afectarán emocionalmente a los niños, quienes son las futuras generaciones.

Al quitar el dinero de los niños con cáncer para regalarlo a los adolescentes y a los delincuentes, el rencor germinará por un lado y la holgazanería, por otro.

Lo que sucede a otros nos afecta. Señalemos el problema y reaccionemos, pues mientras lo sintamos ajeno, contribuiremos a la destrucción de nuestra nación.

Entonces no es “pobre país”. Pobre de nosotros, porque todos somos México.