Uno de los hombres mas brillantes en la construcción de la teoría geopolítica estadounidense y de su poder marítimo, fue el contraalmirante, Alfred Thayer Mahan (1840-1914) quien definió en su principal obra: La influencia del Poder Marítimo en la Historia, una serie de puntuaciones de lo que un Estado, a través de sus diversos gobiernos, debe precisar como políticas a largo plazo para el cumplimiento de las metas, el fortalecimiento y la  grandeza de la nación.

Una de éstas se refiere precisamente, al tipo de gobierno con que debe contar una nación, con la finalidad de que aliente, apoye y defienda los anhelos innatos de la población, como son vivir en paz, desarrollarse económicamente, no tener amenazas y riesgos internos o externos y sentirse orgullosos de la sociedad a la que pertenecen. De lo anterior, la importancia de que quienes acceden al ejercicio del poder gubernamental, deben tener plena responsabilidad de sus actos y de cuál es el proyecto de Estado, no de partido, como tampoco de una elite política que busca de manera rapaz, imponer su voluntad frente a la voluntad soberana del resto de la sociedad.

De igual manera para el Contraalmirante Mahan, el gobierno en turno debe asumir pleno compromiso de que sus actos y acciones tienen corresponsabilidad en su actuación internacional y que es ahí en donde se pone en juego el tipo de nación que se desea tener, tomando en cuenta, aspectos como el tiempo histórico, las metas a cumplir y las amenazas factibles que pudieran enfrentarse. Para este teórico estadounidense, como se observa, la prioridad para el Estado en su proyecto de nación, es que el gobierno entienda que gobierna para cada uno de sus ciudadanos y que debe de estar consiente, que sus errores y aciertos definen el tipo de carácter que estará proyectando la percepción que se tiene del Estado: uno débil, uno de tipo convenenciero o uno con liderazgo para sumar causas en común en aras del propio beneficio de la nación.  

Hoy en día, las enseñanzas de uno de los padres de la geopolítica clásica, son fundamentales para considerar el valor que tiene cada país a razón de la toma de decisiones de sus elites políticas, sean de derecha, centro o de izquierda; estos grupos de poder, asumen plena responsabilidad de las voluntades de cada ciudadano que desea, que dicho gobierno tenga capacidad de responder y reaccionar con certidumbre y certeza frente a riesgos internos o amenazas externas, es decir, el gobierno, debe gobernar sumando voluntades y empeños.

Teniendo como marco referencial la certeza de Mahan, sobre la actuación de un gobierno frente a la nación, para un óptimo desarrollo geoestratégico del Estado; en días pasados el actual Gobierno Federal entregó por mandato del artículo 26 de la Constitución general de la República, el Plan Nacional de Desarrollo, en donde, en un documento de 64 cuartillas, más que dar certidumbre de cómo será el actuar del gobierno en los próximos años, se puede leer como un panfleto de tinte doctrinal que busca romper con la estructura democrática con la que México ha transitado en las últimas décadas, con el firme propósito de que el país se integrara a los procesos de mundialización y globalización, asumiendo responsabilidades y acciones conducentes impuestas por el sistema internacional.  Pero de igual manera, dicho documento, desde sus primeras líneas es un ataque sistematizado, a todo aquello que desde el posicionamiento doctrinal de la elite que está actualmente en el poder, considera nocivo para el ejercicio de su gobierno, definiendo así que las acciones del ejecutivo federal no serán las de sumar voluntades sino mas bien serán sectarias, donde la frase: estás conmigo o contra mí, se puede leer abiertamente en su redacción.

En ese mismo orden de ideas, donde está permanentemente impuesto el factor doctrinal del nuevo grupo en Palacio Nacional, deja ver que los asuntos de la política exterior pasan a un plano meramente decorativos y que la única prioridad es buscar la aceptación de América Latina, pero ante todo de aquellas naciones que se les han identificado con regímenes violadores de los derechos democráticos, como lo es Venezuela, Nicaragua, Bolivia o Cuba, olvidando el hecho de que México estuvo a un paso de ser un protagonista global, como consecuencia de sus esfuerzos por insertarse activamente, en los mecanismos de integración regional establecidos desde principios de este siglo XXI.

De igual manera, las acciones en materia de seguridad nacional, no se ven claramente definidas por el tipo de amenazas o riesgos a los cuales se pueda enfrentar nuestra nación, si se toman en cuenta referencias de análisis como las que ofrece el Global Risk 2019, en torno a los riesgos a las naciones a causa de fenómenos como la migración, la falta de gobernabilidad o la inestabilidad de orden social, aspectos que pueden generar el ambiente necesario para que un Estado sea considerado fallido o criminal.  Una realidad de nuestros días es que el Índice de Confianza de IED (Inversión Extranjera Directa) que realiza anualmente la consultoría AT Kearney ubicó a México durante 2017 y 2018, en el lugar 17, en 2019 México ocupa el lugar 25 (en una lista de igual número de países) para la captación de inversión extranjera.

El mundo se mueve bajo razonamientos geopolíticos, luego entonces, pareciera que, en Palacio Nacional, la conceptualización del quehacer geopolítico no entra en los razonamientos de los datos mañaneros del ejecutivo federal.