Con el exceso de información que tenemos todos los días, es fácil irnos por las ramas y perder el foco de la discusión. Vemos el árbol, alegamos sobre las cualidades del árbol o lo descalificamos, ignorando el bosque. Vemos el aumento de la violencia, en cifras; sin detenernos a pensar que cada uno de ellos es hijo, hermano, padre o esposo de alguien y que su partida dejará un dolor inmenso en sus familiares. Lo mismo sucede con los despidos: no reparamos en esas familias que quedan sin sustento, que no tienen cómo hacer frente a sus necesidades y que en muchos casos ni siquiera recibieron una justa compensación. Sucede lo mismo con asaltos, escasez de medicamentos, programas de ayuda cancelados.

La carta de Germán Martínez Cázares, detalla los problemas del Instituto Mexicano del Seguro Social y los motivos de renuncia. Expone la difícil situación por la que el IMSS atraviesa y da en el clavo al decir que el eje de la reforma deben ser las personas que se atienden en el IMSS.

El año pasado, debido a una incapacidad tuve que visitar al IMSS cada semana durante varios meses. Soy testigo de los esfuerzos de muchos trabajadores para operar eficientemente en mi clínica familiar y ayudar a asegurados. También fui testigo de la incapacidad del instituto para cubrir las necesidades de los pacientes. Tardé más de un mes en poder ver a un médico especialista. El día de la cita, el médico faltó y me agendaron otra seis semanas después. Bajé a quejarme, pero mis problemas me parecieron una tontería cuando escuchaba a la mujer a mi lado, suplicar desesperadamente por una tomografía para su hija que había solicitado la neuróloga. Había riesgo de un tumor en el cerebro y la tomografía le fue negada.  La mujer se fue furiosa y desesperada. En la sala de espera todos nos quedamos con angustia sintiendo empatía pero sin saber como ayudarla.

“Ahorrar y controlar en exceso el gasto en salud es inhumano. Ese control llega a escatimar los recursos para los mexicanos más pobres”. Escribe Germán Martínez en su carta. Efectivamente, lo es y no hay justificación posible.

El combate a la corrupción, tan necesario, no debe ser una aplanadora que deje a pacientes sin medicamentos indispensables para sobrevivir, negarles la posibilidad de un estudio que permita diagnosticar acertadamente su padecimiento, que no haya el número necesario de doctores y camas para atenderlos. No podemos perder de vista que esas cifras frías que escuchamos todos los días, en realidad están hablando de seres humanos, que podrían ser nuestros hijos, padres, hermanos o nosotros mismos.

Buen miércoles a todos.

@FernandaT