“Después de la vida, lo más importante que posee el ser humano es el tiempo en libertad”

En el libro “El Laberinto de la soledad”, Octavio Paz,  reflexionó sobre la identidad y los valores nacionales: “la idiosincrasia del mexicano requiere de un estímulo de represión”. ¿Podemos seguir perdiendo el tiempo al escuchar gansadas, hablar simplezas y leer tonterías, sin actos de conciencia que permitan visiones asertivas reales? Desde luego que resulta una obviedad. En el léxico coloquial la advertencia va implícita. ¿Será que en la sociedad mexicana manifestar una consecuencia evidencia nuestros miedos a no ser obedecidos? Ser reconocidos parece una obviedad, “obedece o te voy a castigar”, “previene o lo vas a lamentar”.

En la cultura nacional podemos identificar datos curiosos, por ejemplo cuando hablamos de la educación aplicamos la obtención de premios: “Si haces la tarea, te dejo ver tele” o “si comes, tienes postre”. Adoptar la obediencia-recompensa es la manera más fácil y rápida de volver a las personas o infantes en interesados mercenarios, en lugar de enseñar a pensar, analizar y concientizar. Por ello existe una discordancia con la realidad y las personas ante cualquier acción que sólo buscan el beneficio a través de otras. ¿Nada es verdad, todo es mentira?

Entonces la conducta del mexicano resulta con varias premisas: una cosa es lo que piensa, otra qué dice, qué escribe y distinta lo que hace, entonces la comunicación corporal juega su propia verdad. Condicionados a conductas sociales y eventos pasados nos impiden evolucionar. ¿Acaso no podemos dar lo mejor de nosotros sin sentir angustia, culpa o remordimientos con deudas emocionales banales y superfluas? Fracasar una y otra vez sin tener miedo o sentir frustración por “el qué dirán”, autoenamorar y explorar el interior para conocerse y mejorar. Lo lamento caí en obviedad.

Exigimos derechos sin pensar en compromisos y obligaciones. De una u otra manera añoramos vidas ajenas, siempre soñando en “éxitos”, en diferentes escenarios que nos traerán “ganancias” y aquí estamos, a veces frustrados, tristes y decaídos, realizando lo mismo con iguales hábitos, seguimos los instintos con idénticas conductas, queremos un cambio sin perder nada, intentar ser diferentes sin estar dispuestos a sacrificar. Vaya obviedad.

Nos enseñaron a criticar. Platicamos, discutimos, conversamos  y argumentamos sin saber el trasfondo. Podemos decir que únicamente existen transformaciones internas. “Las creencias se rompen de dentro hacia afuera” y sin embargo seguimos expectantes en los demás, en el que dirán. Corrompemos y abusamos las normas. ¿Quizá nos gusta ser títeres de nuestras acciones? O ¿victimizarnos? Suena a obviedad.

“El ser humano desconoce más cosas de las que conoce”. Es curioso en el ir y venir de la ola avasalladora de información, no sabemos descartar y clasificar entre tanta basura. Creemos todo lo que nos platican sin constatar. Estamos sumidos en nuestra cotidianidad sin poder crear. Lamento decir de nuevo, es una obviedad.

Existimos, que afortunados, estamos leyendo el artículo, respiramos, tenemos libre albedrío. Podemos estar en “el lomo de la miseria”, o en “la cúspide de la felicidad”, poseemos una vida para triunfar o fracasar. Es la aplicación de las ideas que proporciona la esencia y razón de existir. En este contexto somos lo que pensamos y las acciones expresan lo que sentimos. ¿Realizamos un check list hacia donde nos encaminamos? Vislumbrar nuestro futuro nos ubica en la realidad. ¿Qué deseamos para el final de nuestros días?  Y entonces sabremos hacia dónde dirigir el andar. Admito suena a obviedad.

Al final “generamos nuestra propia existencia y los acontecimientos que de ella emanan”, y nos preguntamos por qué tenemos este trabajo, estos estudios y tal situación. “No me digan que no se los advertí” dejemos de perder el tiempo en emitir juicios sin fundamento y pensemos bajo un entendimiento reflexivo. Me niego a imaginar que “necesitamos de un estímulo de represión”.  Intuyo que todo lo descrito lo saben, entonces este artículo es una obviedad.

Gracias por enriquecer con sus opiniones los textos, alegran mi existir.  

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