Durante años las autoridades de la Ciudad de México se esforzaron para ocultar el problema de inseguridad y la intervención del crimen organizado en la capital del país.

Para muchos líderes del narcotráfico la CDMX fue el refugio perfecto y centro de operaciones ideal, ya que podían andar con impunidad por las zonas más lujosas y en las narices de sus cazadores.

Pero hoy vivimos en tierra de nadie, donde los robos pasan igual en mañana o en la tarde, donde los policías están coludidos con los criminales y donde se habla de Cárteles como si estuviéramos en Tamaulipas o Veracruz.

Ayer, y después de que la muerte del líder del Cartel de Tláhuac deparara al narcotráfico en la CDMX, por fin la autoridad capitalina salió a decir que siempre sí, que hay por los 10 células del crimen organizado que operan aquí.

Y el tema no tiene nada nuevo, de hecho ni siquiera es noticia porque lo hemos dicho desde hace tres o cuatro años. El tema es que los narcos se están apoderando de las calles sin que nadie pueda hacer nada.

Dígame si es mentira, pero cerca de su colonia vive un narco, usted lo sabe, todos lo saben, pero nadie denuncia. Dígame si es mentira, tiene miedo de salir a la calle y que lo vayan a asaltar, a robar, a secuestrar. Dígame si es mentira, que los policías también saben dónde están los criminales, pero no les hacen nada.

El tema es que si ya aceptaron que en la capital del país hay narcotraficantes, por qué no vemos que los estén combatiendo, por qué parece que no están haciendo nada para detenerlos, ¿acaso no es un tema que le importe a Claudia Sheinbaum? Y mientras son peras o manzanas, los narcos siguen caminando libres en nuestras colonias donde todo mundo los ve, pero nadie los detiene.