“Lo peor que nos puede pasar como país es convertirnos en una sociedad de cínicos”.

La frase anterior es herencia de José López Portillo, el populista que dejó al país –igual que su antecesor, Luis Echeverría–, sumido en una de las mayores crisis de la historia.

En su último informe –y entre lágrimas–, López Portillo anunció la nacionalización de la banca y pidió perdón, luego de advertir que del riesgo de una sociedad de cínicos.

La memoria sirve para advertir que hoy, como en tiempos de “Jolopo”, la mentira presidencial parece de vuelta entre nosotros. Y el peligro de dar el paso “a una sociedad de cínicos” está más presente que nunca.

¿Por qué ningún medio de comunicación, salvo Contrapeso Ciudadano, reparó en la mentira del presidente Obrador, al hablar del número de muertos en los primeros cuatro días de su sexenio?

En la mañanera de ayer martes, Obrador dijo no tener cifras sobre los hechos violentos que causaron la muerte de ciudadanos, sin embargo también aseguró que los decesos habían bajado en casi 50 por ciento. ¿Con cuales cifras?

Luego, y sin cifras oficiales, dijo que los estados de Michoacán y Jalisco son los que han causado el mayor número de muertes violentas.

Si acudimos al dato duro resulta que el presidente Obrador mintió en los dos casos.

En el cuarto día de su gobierno el número de ciudadanos muertos por hechos violentos llega a 300, lo que significa que la cifra es mayor si se compara con meses anteriores y con las cifras reportadas al arranque del gobierno de Enrique Peña Nieto.

También mintió cuando dijo que los estados más violentos y con el mayor número de personas fallecidas a causa de esa violencia, son los estados de Michoacán y Jalisco.

El dato duro de nuevo revela que los niveles más altos de violencia y de incidencia delictiva están en Baja California, Guanajuato y Estado de México, entre otros. Michoacán y Jalisco no son los primeros lugares en esa medición.

¿Por qué entonces la terquedad presidencial de mentir y hablar sin los datos precisos y, sobre todo, de hablar mal de Michoacán y Jalisco?

¿Será porque esas dos entidades son gobernadas por mandatarios que se han enfrentado al nuevo presidente, por el tema de los “súper delegados”?

Enrique Alfaro, gobernador electo de Jalisco, ha sido el más claro en rechazar a los delegados, en tanto que Silvano Aureoles, más político, llevó el caso a la Suprema Corte.

¿Por qué la mayoría de los medios rehúyen a llamar mentiroso a quien miente todos los días? ¿Será que nos hemos convertido en un país de cínicos?

Se los dije.