Uno de los grandes temas que se han venido presentando en la historia de la humanidad, son los flujos migratorios, estos se han identificado con una muy particular atención, a causa de los actos derivados de la Guerra Civil que ha sufrido el Estado Sirio, provocando un replanteamiento de la jerarquización de cómo debe ser referido el proceso de la seguridad internacional y de sus efectos a nivel global.  De igual manera, a lo largo de la historia de la humanidad tales procesos migratorios se han desenvuelto a la par de las diversas guerras que se han suscitado, por diversas causas y motivos, pero que han evolucionado gracias a los propios procesos tecno-científicos y que en la actualidad, el arte de la guerra ya no esta solo en el espacio terrestre marítimo o aeroespacial, se encuentra en el ciberespacio, pero aún con ésta evolución, sus efectos siguen siendo de un alto impacto para las diversas comunidades que se ven afectadas.

Así como se puede ver en el ejemplo de lo acontecido en Siria, o los miles de desplazados por las acciones de grupos integristas en el Magreb o en el África Subsahariana; en nuestro continente americano, los problemas de la falta de gobernanza en Centroamérica en naciones del conocido Triangulo Norte, están provocando serias dificultades para el mantenimiento de la Seguridad Regional; luego entonces, si las guerras han evolucionado en las condiciones de los combates y en los intereses que estas tiene detrás de ellas, los efectos siguen siendo los típicos de desplazamiento de grandes masas de población buscando oportunidades para su sobrevivencia.

Si bien en Centroamérica no existe una Guerra en el sentido clásico del término, sí existen condicionantes muy parecidas en cuanto a la desaparición prácticamente de las instituciones del Estado para que provean de una seguridad interior y pública, que ofrezcan oportunidades de empleo, educativas como sanitarias, se permita la competencia comercial y el debido crecimiento económico, como de igual manera, se asienta una adecuada participación democrática para la formación de gobiernos estables y fuertes que puedan generar las condicionantes de certidumbre que todo ciudadano requiere y necesita: Felicidad.  

En efecto, la felicidad de todo ciudadano de cualquier nación del mundo, es aquella en la que el gobernante, ejerce la certeza de que va poner todo su empeño para que nada malo le pase en su persona, su familia o posesiones, esa es la felicidad que desea el ciudadano, que su gobierno tenga la capacidad real de dar respuesta a las necesidades y contingencias que se puedan presentar para que su vida no corra peligro.

Desde la Declaración de Independencia de los EEUU y la proclama de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución francesa, aunado a la propia Proclama de Abolición de la Esclavitud de Miguel Hidalgo y a los Sentimientos de la Nación redactada por Don José María Morelos y Pavón, el clamor de las sociedades son, de que sus gobiernos les permitan vivir en paz y tranquilidad y es precisamente lo que no está aconteciendo en Honduras, El Salvador y en menor medida en Guatemala, pero que se adiciona a la difícil situación que a traviesa la República Bolivariana de Venezuela de un gobierno fracasado por la demagogia y la arrogancia de sus gobernantes.

En tal sentido, México ya había experimentado el difícil escenario de ser una nación de tránsito y al mismo tiempo tapón, pues en la década de 1980 se gestaron en Nicaragua, El Salvador y Honduras, diversos movimientos sociales y revolucionarios que pusieron en ciernes la estabilidad de la región, que provocaron una contundente reacción del Estado mexicano por darle certidumbre a estas naciones y así mismo,  sostener la seguridad regional en momentos tensos de la Guerra Fría. Sin embargo, las circunstancias han cambiado y la emergencia se vuelve a presentar ya no a causa de las dificultades de guerras civiles, ahora es por la actividad de grupos delictivos como las Maras y otros derivados del Crimen organizado Transnacional que han colocado contra la pared a los gobiernos de Honduras y El Salvador ante todo.

Sumado a esta difícil condición que viven cientos de ciudadanos de estas naciones, se encuentra la migración que ha cruzado el Océano Atlántico o bien el Océano Pacífico provenientes de África, como de la India y Pakistán, para unirse a las diversas caravanas de centroamericanos en pos del sueño estadounidense, cruzando territorio nacional, justo en un momento en que la seguridad interior de México es todo un galimatías a causa del Crimen Organizado, como por la propia relación bilateral con los EEUU que no se encuentra en el mejor momento a causa de las políticas restrictivas a la migración latinoamericana por parte de la Casa Blanca, que incluso ha propuesto que México sea una especie de Nación Santuario, para acoger a todo aquel migrante que no logre ingresar a los EEUU, garantizándole los Derechos Humanos mínimos.  

Luego entonces, ¿dónde queda la felicidad de los propios mexicanos por sentirse seguros en su propia nación? Lo que hoy vivimos es una especie de nueva guerra, silenciosa, en dónde el Estado queda entrampado entre el ser y el deber ser…  ¿y el gobierno Mexicano donde está?